sábado, febrero 21, 2009

QUEBEC POR EL VIEJO CAMINO



Québec, la capital nacional de esta provincia parece ser un destino turístico bastante apreciado por los americanos. No en vano su fama de ser la ciudad mas europea en America del norte y ese atractivo estético que tienen las ciudades francesas. Un oasis en medio de ciudades frías cuya única identidad es el estándar urbanístico americano con el vehiculo como prioridad en sus trazados.

Así que con estos tímidos amagos de primavera y el cielo despejado, lo mas razonable es salir del proceso de hibernación y buscar a falta de raquetas para caminar en la nieve, algún centro urbano donde se pueda caminar y volver a sentir la presencia humanoide desplazarse a pie de un lado a otro.

El centro urbano de Montreal es de los pocos que permanecen vivos en las noches en estas urbes americanas. Generalmente los zombies grises de Tomas se mueven como autómatas en flujos sanguíneos desde las estaciones de metro. Y en el resto de ciudades americanas, a partir de las 6 de la tarde, a la misma que hora que Carlos detecta desde su apartamento en Boston el cambio de guardia que ocurre en el centro de Medellín de la oriental hacia el occidente, en estas ciudades todo se vuelve desolación y los edificios se convierten en mausoleos de cementerio.

El centro urbano de Montreal se convirtió en una red de túneles que parecen diseñados por la marmota que anuncia el inicio de la primavera cuando decide salir de su madriguera. Solo le falta un sol y un firmamento virtual para reemplazar ese centro que se encuentra sobre la superficie. Kilómetros y kilómetros enterrados de corredores llenos de locales comerciales, teatros, restaurantes que mantienen viva esta ciudad en el invierno. Pero la idea era recibir la vitamina solar y respirar un aire que no provenga propiamente de sistemas de ventilación artificial.

Como siempre es la ciudad de Québec es la que gana en las encuestas a la hora de buscar destinos turisticos abordables. Además de ser un pedazo de Europa en America es últimamente un oasis de optimismo. Las festividades que conmemoraron el año pasado sus 400 años de existencia le dieron un nuevo aire a la ciudad. En ese sitio todo parece ser posible, se habla de muchos proyectos de desarrollo y la ciudad entro en una dinámica rara para estos días de recesion. Québec es una ciudad con trazado medieval por razones militares y estratégicas, lo que la hace una ciudad que no termina por conocerse en una sola visita. Siempre hay detalles y coquetos rincones que aparecen a la vista del transeúnte y que cautivan nuestra atención.

Me habían hablado de una ruta más amable para ir a Québec. La ruta original y paralela al río san Lorenzo que recorre pintorescos poblados. Se hace mas larga que la línea recta de autoruta que conecta Drummondville con Québec pero en el fondo el tiempo pasa rápidamente siguiendo la sinuosidad del gran río y descubriendo una región de grandes contrastes.

Del recorrido diario a mi sitio de trabajo y justo antes de atravesar el puente de Trois rivieres se sigue esta vieja ruta a Québec. Un inicio de autoruta al estilo de la imponente doble calzada antes de llegar a Riohacha, un tramo que López michelsen dejo como muestra gratis de lo que pudo haber sido una gran ruta de conexión con la guajira. Los mal pensados piensan que la hizo para el aterrizaje de avionetas en tiempos de la marimba. En este caso el impulso fue algo más que el costeno y logro terminar algunos kilómetros. La idea era conectar un gran astillero que iba a convertirse en uno de los más importantes del mundo. Las expectativas no fueron tantas y la vía quedo en el olvido, aunque sigue siendo tema de debate en campañas electorales.

La persona que me dio la oportunidad de trabajar en algo relacionado con mi profesión en Québec apenas duro los primeros 3 meses de mi estadía en la compañía. Yo siempre he tenido ese agradecimiento con ella, en lo que represento en su momento la posibilidad de poner el destino a mi favor en este país. En esta fría cultura, la gente se va de las empresas y parece que se las tragara la tierra. Nunca se vuelve a saber de ellas, como si les hubiesen quemado cacho porque ni a deshacer los pasos regresan de visita.

Alguien en la empresa la vio en alguna emisión de televisión que presentaba una novedosa empresa que hacia la fabricación artesanal de jabones. Con estas nuevas tendencias donde se uso de moda volver a nuestras raíces, a lo natural y a evitar alimentos y productos hechos con rápidos y eficientes procesos químicos, esta pequeña fábrica parece ser viable en estos tiempos.

Casualmente me encontré a Brigitte, mi antigua jefe en la feria artesanal del mundial de culturas de Drummondville, allí tenia un kiosco con los productos de su empresa y nos dio las coordenadas de su tienda que a la vez era un sitio turístico en este recorrido que se hace a Québec por la rivera del río san Lorenzo.

Y efectivamente ahí estaba la fábrica que no era más que una antigua casa en la que funcionaba un pequeño taller para la fabricación de jabones, el resto del espacio se complementaba con la boutique, un salón de capacitación y el museo del jabón. Ideas sonadoras como la que alguna vez Gabriela y Alejandro tuvieron con la molienda del jardín en este país parecen ser posibles. Una idea mucho más simple parece tener éxito a nivel turístico y comercial.

El tema viene muy a menudo, cuando hacemos la comparación en cuanto a los proyectos en región que se hacen en Canadá y en nuestro país. Para nosotros siempre es una quijotada, un asunto siempre huérfano de estado quien por ahora solo garantiza una relativa seguridad. Porque nunca se puede hablar de seguridad plena, para el terrorismo y la delincuencia no hay límites. En cambio acá además de la evidente tranquilidad, el estado patrocina estos proyectos, porque sabe en el fondo que traen flujo de turismo a la región y en el fondo más ingresos para la misma.
En tiempos de cosechas se ve mucho ese agroturismo donde el visitante hace el mismo la recolección de los frutos. No se cuantos años de evolución y de educación nos faltarían en Colombia para tener algo parecido en alguna finca de nuestro territorio. Uno se imagina ese turismo en Colombia como una nube de langostas guardándose y comiéndose todos los frutos posibles antes de recolectarlos y pagarlos como se debe. Así mismo se imagina uno toda una seguridad democrática para controlar la viabilidad del negocio, una docena de escopeteros vigilando los surcos y los movimientos sospechosos de la clientela.

Es aun invierno y muchos sitios turísticos están cerrados, pero se ve que la región esta llena de lugares encantadores con el incomparable paisaje del gran río san Lorenzo. Mientras tanto la arquitectura sigue ahí. Las ancestrales viviendas de piedra, las lucernas en los techos, los finos detalles del periodo victoriano. Este aislamiento de progreso y troncales principales, lo que le paso a Sonson, a Riosucio es benévolo en cuanto a conservación del patrimonio arquitectónico, las fachadas en plástico y materiales modernos son mas esporádicas en este rincón de Québec.

Sin embargo en medio de este escenario congelado en el tiempo aparece una gran la gran ciudadela industrial de becancour, justo al frente de Trois rivieres, pasando el río. Antes de construirse el puente a principios del silo XX, este era el paso obligado en ferri de automóviles y pasajeros a la rivera norte del san Lorenzo. Y en un país rico como el que mas en recursos hídricos aparece la única central nuclear de Québec: gentilly. Alguna administración del pasado siguiendo la moda de los países desarrollados decidió instalar este riesgo ecológico en la región. El problema de nunca resolver: los desechos nucleares y ese fantasma de riesgo que siempre esta en la mente, un Chernobil que acabaría con la región entera, llegando hasta el sitio donde trabajo actualmente.

Terminado este lapsus industrial en el recorrido seguimos recorriendo la tranquila ruta hacia Québec. Unas extrañas e inmensas señalizaciones se ven en el recorrido, son como faros de referencia para orientar las embarcaciones cuando la niebla es espesa y la visibilidad es nula. Una agricultura en stand-by de invierno. Viñedos obviamente sin las bondades del clima mediterráneo, cultivos de fresas, manzanas, terrenos de camping que abra que conocer en el verano.

Largo recorrido, pero no se sintió en lo mas mínimo. Por fin la capital nacional a la vista. La rejuvenecida Quebec. Las celebraciones de sus 4 siglos de existencia siguen motivando el optimismo en esta ciudad. Ciudad que se puede visitar en cualquier momento porque siempre tiene guardada una sorpresa. En esta oportunidad el famoso carnaval de invierno de Quebec. Los locales comerciales compiten con hermosas esculturas hechas en hielo. Uno de ellos hace la replica de su bar con barra en la que se sirven desde bebidas calientes hasta aquellas que con sus grados de alcohol tratan de compensar el frío de los transeúntes que aprovechan para hacer la estación en esta particular barra.

Una replica de la ciudad amurallada con juegos para los niños es otro de los atractivos que encontramos. Por supuesto y aunque nos falto conocerlo, lo mas famoso de esta era del hielo en la capital nacional es el famoso hotel de hielo, un iglú de cinco estrellas con una decoración exquisita. Nos contentamos con entrar al castillo frontenac, ubicado en la antigua fortaleza que custodiaba la ciudad del asalto de tropas inglesas, una construcción de mediados de siglo de arquitectura suiza y que me hace acordar al arquitecto suizo que tanto admiraba gingue y cuyos planos decoraban las paredes de la gulunga.

Reconfortantes las salidas en estos fines de semana de sol pero con varios grados bajo cero. En un país donde como en todas partes existen maravillosos rincones. Tal vez la clave sea no andar con apuros y tomar el camino mas largo. Feliz fin de semana

1 comentario:

Anónimo dijo...

eavemaria pues...que berraco pa escribir...dani no lo he leido sino por encimita pero admiro y me encanta esa capacidad para parir articulos..por eso y por mucho mas como dice la cancion te admiro mucho