viernes, noviembre 01, 2013

LA REUNIÒN


En estos tiempos de zozobra la citación a una reunión general de urgencia no despierta otra cosa que el miedo a recibir esa noticia que tarde o temprano se venía llegar. El gran jefe espera paciente la llegada del último de los convocados que retarda un poco lo inevitable. Ya otra compañía vecina y competidora de mediano tamaño había sido absorbida por una especie de Wallmart o Mac Donalds de la construcción. En esa ley de la jungla capitalista donde esas corporaciones depredadoras andan al acecho para digerir las medianas compañías, que hasta hace poco fueron opulentos monopolios de un pequeño reino. El gran monstruo se acerca, mira los recursos de su diminuto competidor y parece arrepentirse, al menos por este año en que las cifras de ventas y la crisis económica no son muy halagadoras. El problema acaparar con la gran parte del mercado nacional es igualmente acaparar de manera directamente proporcional los periodos de crisis y sus respectivas pérdidas.

Por un momento pensé en la nueva situación, el hacer parte de una organización Jonàs, tragada por la gran ballena. Engullida sin despedazarse y aún intacta, ahora sobreviviendo al abrigo de los demás peligros del océano y ahora viviendo en la oscura caverna de aquel cetáceo.  El siguiente paso es el de ser asimilado por el gran organismo y empezar a funcionar como un departamento más de una organización piramidal, un compartimento mas, seguramente especializado en una fracción  de aquel monstruo.

El dueño de la pequeña barca, el presidente de la compañía, ahora quijote que por el momento está a salvo de las aspas de los molinos de viento se dirige a los asistentes. Agradece el magno esfuerzo de los sobrevivientes del último recorte de personal, "Muchas gracias, su esfuerzo ha sido enorme en los últimos meses, el último mes ha sido el de mayor venta en la compañía y ustedes pocos y valientes han sabido sortear la demanda". Cuando todos pensaban en un aumento salarial salta al tema de la eficiencia y la calidad.-"Porque seguimos trabajando con los estándares de hace 7 años?"- Simple, el trabajo siempre es de extremos, o está desbordado o simplemente no hay nada, en la última situación, no se aprovecha el tiempo para mejorar los procedimientos, simplemente envían al personal a sus casas.

Seguimos en modo supervivencia y hay que seguir agradecidos con una empresa que resiste al destino de las pequeñas compañías, el dueño se aferra a lo que para las grandes empresas es imposible, el contacto personalizado con el cliente, el seguir siendo esa tienda de la esquina donde el buen vecino acude a comprar la bolsa de leche. Ahora las tiendas de barrio están metidas en una gasolinera y el que esta detrás del mostrador está lejos de ser el familiar tendero de barrio. Su atención está marcada por frases automatizadas, es un robot mas del sistema que se instala en este paisaje. Mientras tanto seguimos viviendo esa metamorfosis que nos llevara al inevitable destino final de esta sociedad.

lunes, octubre 28, 2013

SE BUSCA


Un domingo temprano y por demás lluvioso es desolado y más en el país más desolado. Las basuras se sacan religiosamente ese día ya que el lunes, día de recogida y de consabidas carreras habitualmente se olvida. Ya no está el cuatrimoto que el vecino había instalado a modo de vitrina en su antejardín. Con sendo aviso que prometía pronta venta y una sonrisa del buen negocio. Es que en el país donde no existen rejas para la gente es mas sospechoso cerrar la puerta de la casa con llave que dejarla ajustada. Así al menos funciona su lógica. Seguramente un ladrón que pase y vea la escena pensará de inmediato en su retorcido raciocinio que en ese lugar que cierran con sigilo esconden algo de gran valor.

Pero seguramente si yo hubiera estado presente el día que partieron como Pedro por su casa con el cuatrimoto, a plena luz del día no hubiera sospechado nada. Hasta me hubiese alegrado de la pronta venta. Tal vez me hubiese contagiado de ese espíritu benévolo que mueve a este país y les hubiera ayudado a empujar el aparatejo en el tráiler.

Sigue lloviendo y una extraña presencia juvenil se aproxima proveniente del fondo de la calle ciega. Buenos días, vivo en esos edificios al fondo,(a donde la calle ciega no conduce), acabo de llegar a mi casa y no he encontrado a nadie, me han robado mi bicicleta y necesito llamar a un taxi para que me lleve a la casa de un amigo. Había perdido la costumbre de escuchar esos habituales cuentos tercermundistas para los que en mi país tenemos la salida y la respuesta inmediata de la indiferencia. El muchacho de unos 15 años no carga chaqueta, no tiene puestos sus zapatos y sus medias están llenas de pelusa, como si recién hubiese caminado por una manga.

Me acordé de uno de los primeros días en esta nueva casa, cuando el barrio aun no era muy denso y las casas eran contadas con los dedos de la mano. Ya se hacía de noche y llegaron con credenciales identificándose como vendedores de un novedoso sistema de alarma. Primero llegaron 2 y más tarde otros 2. Asunto normal en este país tan despreocupado y desprevenido en materias de atracos e invasiones de domicilio. Cuando ya se perdió el reflejo de mirar atrás en una caminata nocturna por una calle solitaria, o al sacar dinero en un cajero electrónico. Ese tipo de visitas finalmente no son para nada inquietantes. Ese día no pasó nada, la visita se fue enojada porque supuestamente no aceptamos su maravillosa oferta promocional que nos garantizaba la seguridad en un país donde no efectivamente pasa nada, salvo que ellos quisiesen hacerlo, al menos para que sirviera de fundamento para una futura inversión en seguridad. Luego pensé en lo que pudieron haber hecho, en que tal vez no vieron nada de valor como para atreverse a mas.

 Así que volví al momento presente y le dije al muchacho que esperara afuera mientras le traía un teléfono celular. Mientras lo buscaba pensaba en  aquel extraño personaje, nada diferente a esa apariencia inofensiva de un joven de colegio, otra pieza más de ese molde llamado la sociedad del confort. Lo comuniqué con la empresa de taxis, dio su nombre, la dirección de mi casa y en pocos minutos su servicio estaría llegando. La lluvia aumentaba y eso le sirvió de pretexto para pedirme que lo dejara entrar. Con tanta reflexión ya estaba alerta y firmemente me negué a su petición. -Puede permanecer en la entrada, acá puede resguardarse de la lluvia.-

El muchacho prefirió quedarse afuera  esperando ansioso un taxi que aún no llegaba. Me quedé mirando por la ventana hasta que me desentendí del asunto. El taxi por fin llegó y el muchacho había desaparecido. Salí a disculparme con el taxista y le informé sobre el extraño personaje. Cuando me disponía a entrar de nuevo  a mi casa un desfile de patrullas de policía empezó a llegar. Siete carros de policía al frente de mi casa, como si imaginaran que el prófugo al que buscaran se había atrincherado en mi casa tomándonos como rehenes. Entonces les dije:-El muchacho estaba acá hace 2 minutos, se cansó de esperar el taxi.- Pero para donde agarró- Gritaba energúmeno un policía sacando la cabeza por la ventanilla,-Para arriba, para abajo? para donde diablos agarró? -

Entonces en ese momento recordé que no muy lejos hay una penitenciaría. Una construcción de esas octogonales, o hexagonales de las que se ve en las películas, con altos muros coronados con alambradas de campo de concentración,  torres de vigilancia y carros de policía girando a su alrededor las 24 horas velando por que uno de esos reos no se les escape. La prisión además y para tranquilidad del vecindario es especializada en depredadores sexuales, que existen y abundan hasta en estas sociedades perfectas.

 Pero el muchacho aun estaba lejos de parecer un espécimen así de peligroso. Se había escapado de una centro de readaptación para jóvenes igualmente cercano pero no con las  medidas de seguridad del penal. En medio del espectáculo callejero de búsqueda policiaca poco habitual en tan monacal vecindario mi vecino, el mismo al que le robaron la cuatrimoto se me acerca y me dice en un tono de resignaciòn: "Como funcionan las cosas en este país, seguro se les escapa un peligroso delincuente y esperan varias horas a que se les pierda el rastro, se les escapa un pelaito de 15 años y arman este escándalo, cuando les avisé porque habían robado mi cuatrimoto llegaron a las 3 horas, el tiempo suficiente para deshuesarlo y hasta venderlo, mejor me voy a comprar algo, ahí dejo la puerta ajustada, no vaya ser que le eche llave y me la tumben pensando que el prófugo se esconde en mi casa"