Se necesitan empleados a gritos para organizar semejante maremágnum. Lavar, clasificar las toneladas de ropa usada. Organizar y volver a meter el reguero de fichas de los juegos de mesa, los aparatejos eléctricos, los libros de novelas rosa por montones, los cassetes y vhs que ya nadie usa, los discos de coleccionistas. Las familias de recién llegados no saben por donde empezar, algunos con los ojos de no haber visto en su vida tanta abundancia y a precios tan irrisorios, con suerte encontraran una prenda a lo sumo con una sola postura que sale airosa de ese olor a usado y a reciclaje al por mayor.
El local esta más repleto que nunca.Hace 4 años cuando lo frecuentábamos tanto sobretodo para la provisión de la costosa vestimenta de invierno no difería mucho de un almacén de ropa convencional. Es el colector de los sobrantes del consumo para los sectores exclusivos anglófonos del oeste de la isla. No solo son los emigrantes sus leales clientes, también los quebecuas de todas las clases sociales que no tienen prejuicios al vestirse con prendas que pertenecieron algún día a un NN.
Para los emigrantes, el uniforme para la nueva prisión, la nueva jungla de cemento para los macacos que sabrá Dios de que confín de la tierra vienen. Ahora se sienten tocando el cielo con las manos en este cautiverio de viaductos y moles de cemento. Dentro de poco estarán mas anestesiados, entumecidos en esos vagones del metro metidos en sus chaquetas recicladas escuchando por un altoparlante el nombre de la próxima estación. No miran a nadie, están en un trance que los lleva a miles de kilómetros, es el tren de la teoría de Einstein donde el tiempo no pasa, sobretodo cuando pasa el otro tren repleto de zombies pálidos que apenas se vuelven una rayas horizontales en degrade. Los más jóvenes se aíslan con sus audífonos y su música los zambulle a su propia atmosfera, una burbuja de vidrio, desinfectada y libre de los parásitos del mundo exterior
Deben cargar el aura de los anteriores usuarios en su vestimenta, el olor aun impregnado de aquel que alguna vez la compro nueva, tal vez como el último grito de la moda. Aun impregnado el pachuli del negro que se luce como un pavo real o el aroma quebecua de quien la usó 8 días sobre 8 con la marquilla hacia fuera para expresar su inversión y que alguna vez dijo quiero cambiarla. Debe tener la energía que esta por todas partes, esa misma que esta en la electricidad estática que nos hace electrocutar en cuanta puerta o pasamanos metálico tocamos.
Y esa ropa se reencarna una y otra vez más y no logra trascender. El nirvana cada vez esta mas lejos. Y los emigrantes cada vez más visibles, son los que decoran los ventanales de los buses, las esquinas de esta ciudad anónima que de no ser por ellos seria un cementerio. Hacen la replica de Bombay, repiten el hacinamiento y esparcen el olor a curry por el barrio o llenan una cuadra de baratijas de plástico de mala calidad, lo que agarre por un dólar. En una semana ya habrá cumplido su vida útil y no servirá ni para reciclaje.
Y ahí están en cada poste de la ciudad. Son los candidatos para las elecciones federales, representantes de cada circunscripción en esta torre de babel. Apellidos no muy de raíces francesas. Ya supuestamente están asimilados por la cultura americana y hacen parte de las maquinarias electorales. Los mas complicados de entender son los que se inscriben en el bloque quebecua, esos que quieren la soberanía de Québec pero tendrán una curul en la asamblea nacional canadiense. Harán parte de un federalismo que niegan en su esencia. Piedras en el zapato para defender los intereses particulares de Québec, nunca tendrán mayoría en el país, lo único que quieren es la independencia y ser un uribismo unánime en un nuevo país, algún día dejaran de ser representantes regionales a ser representantes nacionales, así sea de un país pequeño.
Cada uno convenciendo a su pedazo étnico de colcha de retazos que servirá a los intereses del partido, las promesas de reivindicación para los negros haitianos que ya ni estudian porque saben que de todas maneras no serán aceptados en las altas esferas. Las promesas de siempre y los lagartos a vivir del erario público. Donde este escenario político se viviera en el trópico daría pie para muchas guerras civiles, rebeliones y represiones, pero la gente tiene la mente ocupada en la gran maquinaria del sistema productivo donde mal que bien hay trabajo para todo el mundo y poco tiempo para las protestas.
Escéptico de este multiculturalismo salgo de la isla sin mirar atrás para no quedar convertido en estatua de sal. Sin embargo siempre habrá que volver, así sea para disfrutar Montreal con la mirada del turista. Siempre se esta condenado a gravitar en Montreal. Y ahora con la partida que se avecina para el año entrante para camilia y Manuela. El inicio de la Universidad en ingles. Esta semana salía en la revista semana la lista de hijos del secretariado educados en el exterior. No se porque se extraña la prensa en Colombia, en el exterior la educación no es un privilegio de pocos, esta abierta para el que simplemente quiera estudiar. Al menos es así en Québec que posee la educación superior mas barata de America del norte.
Y pronto los viajes para escoger el nuevo domicilio de estudiante. Alejado de las ollas y tumores urbanos, tal vez con suerte cerca de la universidad. Los estudiantes se adaptan más fácilmente, al fin y al cabo es una estadía temporal. Hay alientos para soportar el estrés de la ciudad y la energía necesaria para no sucumbir mirando los deprimentes espejos que se ven en las personas de la calle. Montreal termina por quererse demasiado. Tal vez porque es de carne y hueso, quizás porque tiene uno de los pocos centros vivos día y noche en America del norte. Los centros urbanos americanos son unos cementerios una vez desocupadas las oficinas a eso de la 6 de la tarde. De nuevo de paso por Montreal, la ciudad que nos acogió en Canada.




