sábado, noviembre 08, 2008

LOS MUEBLES QUE SE QUEDAN



Los objetos terminaban enterrando a sus propietarios, las cosas estaban hechas para toda la vida y poco respondían a las modas y al ánimo infundado de reemplazarlas. Esos objetos inertes terminan pareciéndose al dueño, asi como las mascotas, al menos aquellos que caprichosamente se van quedando. Pero en este mundo donde toco arrancar de cero y donde cualquier cosa era cariño, desde un colchón hasta la mesa de comedor, no hay mucha oportunidad de escoger. Todo va llegando de la manera mas casual, todos esos seres inanimados tienen su historia, algunos horribles y de mal gusto sobreviven al holocausto de la basura, de dejarlos abandonados en la calle para que otro necesitado los recoja, el ciclo natural de las cosas en esta sociedad de consumo.

Algo que no alcanzaba a visualizar muy bien antes de venir a este país era como diablos íbamos a vivir los primeros días. Miraba el inventario de cosas acumuladas en la casa de conquistadores y me preguntaba cuanto tiempo tomara tener al menos lo básico de una casa. La plata dicen, no sirve sino para llenarse de checheres. Pero aun sin dinero, las cosas van apareciendo de la nada, se van acumulando hasta coparlo todo. Llegas a un punto en que dices, que bueno llevármelo, es gratis o esta en promoción, pero no tengo espacio ni en el cuarto de san alejo.

Marta vivía sus primeros meses de matrimonio en Canadá y nos ofreció su cuarto útil para ir guardando las adquisiciones preliminares de la nueva casa. La misma que no podíamos aun habitar por eso del respeto a los contratos anuales de arrendamiento que por lo general terminan el 1 de julio. Vivíamos aun en una pieza y no teníamos domicilio propio. En esta sociedad de consumo si tienes un cuarto de san alejo siempre estará lleno sin importar su dimensión. Siempre hay checheres disponibles, lo complicado es el espacio para almacenarlos. No se como Esteban el esposo de Martha nos hizo un campito para meter unos electrodomésticos que habíamos adquirido de una manera casi providencial.

Por eso del desorden y el incumplimiento latino, un almacén de electrodomésticos usados, seguramente recogidos en la calle y reparados con la malicia indígena de centro America aun no habría aun sus puertas pese a lo avanzado del día. Estaban bien retardados. Una señora quebecua toca impaciente la puerta y nos mira con aire de frustración. Gracias seguramente a don Roberto que en ese momento era nuestro intérprete logramos comunicarnos con ella. Tenía un nevecon, una estufa y una lavadora para regalar. Solo que había que sacarla de un tercer piso por unas empinadas escaleras metálicas.
Sacando fuerza de donde no había y dándole uno que otro golpe logramos bajar los pesados aparatos. Me acuerdo que don Roberto no podía hacer fuerza por culpa de una hernia y fue la diminuta figura de dona Olga la que nos dio la manito. Después el lío de encontrar un chivero que no están propiamente parqueados en guayaquil o en la plaza mayorista. No se de donde se lo rebusco dona Olga y ahí apareció un argentinito en un carro como en los que se vuelan siempre los de misión imposible. El tipo era realmente un animal en esos menesteres del transporte y olvido amarrar la puerta de la nevera que la habíamos destornillado por el peso. En una curva se vino con todo su peso y por poco se sale del vehiculo. Del guarapazo se quebraron unos cajoncitos que tiene plásticos. Pasados 4 anos, la nevera y la estufa siguen funcionando correctamente y no hay muchos impulsos por reaplazarlas. Duraran muchos anos mas, como esas neveras eternas de circular segunda, esos electrodomésticos hechos en la época de westinghouse, hechos para toda la vida, indestructibles, o al menos reparables por mi papá. Pero si bien no son hechas con ese propósito de perpetuidad, aun sobreviven al uso diario y seguirán ahí hasta que claudiquen.

En Canadá casi todas las casas unifamiliares tienen sótano. Por esa necesidad de cimentar la casa por lo menos 1,20 por debajo del nivel del terreno para escapar a la capa de hielo que puede ser perjudicial para la estabilidad de las viviendas. Se entierran un poquito más en las excavaciones y aprovechan ese espacio perdido para un sótano. Pero ese sótano que tiene la misma superficie de la casa, termina convertido en un gran cuarto de san alejo. Es como si tuvieras un 50% de tus cosas útiles en el mundo conciente del primer piso y el 50% restante, tirado, acumulado y empacado bajo capas de polvo en el inconsciente del sótano. Es en verano cuando la gente se muda, o le da por organizar esa gulunga y salen a la superficie esos objetos olvidados, reemplazados o muchas veces ni siquiera desempacados. Quizás producto de un impulso compulsivo de comprar o comprar. Empujado por esos volantes que inundan las entradas de las casas y los edificios mostrando las últimas promociones e inventándole necesidades a la gente.

Los objetos ya en la superficie y recibiendo el añorado sol del verano son expuestos en los antejardines de las casas, son las famosas ventas de garaje que de cuando en cuando traen sorpresas muy gratas, esa cosa que hacia falta en la casa y que nueva vale demasiado para hacer la inversión. Otras veces casi sacan una cabuya reventada o una caja de tornillos oxidados, al parecer hay clientes para todo.

Y hay cosas que se demoran muchísimo tiempo en conseguir. Muchas veces por el costo o otras veces porque no es muy prioritario. Otras veces porque fueron conseguidas de segunda y siguen prestando su servicio pese a su antigüedad.
Pero los muebles y los colchones de las camas podrían ser la contraparte. Yo creo que el elemento que simboliza la casa de un emigrante es el sofá usado. Debería estar en su escudo si algún día lo inventan. Recuerdo a Catalina Bonilla que trae una buena nueva a la familia hasta ese momento sin muebles de sala. Como les parece que acaban de sacar un juego de sala completico solo a una cuadra de acá y se ve en muy buen estado. Era de noche cuando todos los gatos son pardos y efectivamente se veía como el gran descubrimiento. Ya los coteros son las niñas con las que casi no logro montar esos aparatosos muebles por las escaleras. La aspiradora a toda maquina para extraer el máximo de ácaros posible del nuevo amoblamiento.

Doña Olga que sufría mas que nosotros por lo precario de los muebles nos conseguiría después un fiado para unos muebles de sala que aun habitan con nosotros, el famoso sofá cama que tanto pidió Bruno para su cómodo alojamiento en Montreal, ya esta en Drummondville solo a una hora de Montreal pero mas cerca de la ciudad de Quebec, tal vez la mas hermosa del Canadá.

La calle comercial de Jean Talón donde habitábamos era algo así como la calle san Juan por los lados de la carrera 73. Un uso muy comercial en los primeros pisos y viviendas en los pisos superiores. Buses, mucho tráfico y montañas de nieve que se derretían de cuando haciendo unas piscinas en las que por poco había que sacar balsa para pasar a la otra orilla de la calle. Aun no estábamos en esos penosos días en los que el mercado era un verdadero viacrucis, arrastrando un carrito rebosado de paquetes. Era mas bien tarde, demasiado para ver una venta de garaje. Un quebecua con la amabilidad del mejor vendedor nos muestra una serie de cosas algunas de mucha utilidad, otras a precios que iban descendiendo como wall street con el regateo de Gabriela.

Era como si tuviera que venderlo todo ese día y parecía tener cada cosa que le pedíamos. Nos sube a su apartamento y quita el reloj de la pared, lo ofrece, desciende la cama y promociona su tendido, saca una caja llena de checheres de niños, patines viejos, abre las alacenas de la cocina saca las ollas, los cubiertos, fritadota, licuadora quiere lograr como sea una venta.

Era la época en que la plata estaba más que contada y el presupuesto apenas alcanzaría para comprarle lo esencial. El seguía insistiendo y bajando los precios en un acto desesperado. Salimos cargados de muchas cosas, incluso algunos utensilios de cocina que aun están vigentes. En la venta estaba incluido el transporte de la lavadora al segundo piso donde vivíamos. Ahí conocí el original tratamiento quebecua a los electrodomésticos, no se cuantas veces golpeo esa lavadora mientras tratábamos de subirla por las escaleras, en uno de esos intentos le cayo en un pie, por un momento pensé que se le había quebrado. Al fin logro montarla y encimarnos las instrucciones de funcionamiento. El aparatejo comprado por un precio irrisorio apenas si duro el primer año de Montreal porque empezó con un golpeteo de matraca que parecía iba a desbaratar la estructura de madera del edificio. Ya en Drummondville conseguimos otra lavadora en un almacén de electrodomésticos usados que igualmente duro 1 año. Definitivamente para ese tipo de aparatos lo mejor es comprar nuevo.


Y del loco tuvimos los colchones de las camas, la aspiradora, la lavadora, fritadora, utensilios de cocina, los primeros juguetes de bárbara, hasta un reloj.
Hubo que romper de tajo relaciones con el individuo porque parecíamos más bien unos reducidores. Uno no sabia a ciencia cierta como habían sido adquiridas esas cosas, era evidente que el loco las vendía para sostener su vicio. El loco insistía y como ya sabia donde vivíamos subía frecuentemente a ofrecer alguna novedad. No se cansaba de nuestra negativa. Con el exceso de tranquilidad que se vive en Montreal alguna vez Manuela se encontraba sola en la casa. Tocaron la puerta y ni pregunto quien era, supuso que éramos nosotros. Apenas salía del baño y tenia una toalla, abrió la puerta y era el mismísimo loco. Afortunamente en sus vicios no parecían estar los asaltos sexuales, sin embargo el susto fue muy grande.

Y los dementes están al orden del día en Montreal. Son los tiempos del famoso Rony, un guatemalteco que trabaja en una empresa de aseo y limpian el cuartel general de los judíos en Montreal. Gabriela trabaja para el y es Rony el que me pide le ayude con un trasteo. Parte del pago seria en efectivo y el resto con varias cosas que ya no le servirían en su nuevo apartamento. De ahí sobreviven aun los muebles de nuestra alcoba, el mueble biblioteca de la televisión. Son los famosos muebles económicos en melamina que se venden en esos almacenes de cadena tipo wall mart. Baratijas que afortunadamente y pese a su ordinariez perduran en el tiempo. De ahí salio igualmente una poltrona que Rony decía le era muy cómoda para ver la televisión, en eso seguimos deacuerdo.


Rony iba a rejuntarse con una señora venezolana en un nuevo nido de amor. Un hermano de la venezolana parece una caja de música renegando con un repertorio de vulgaridades y maldiciones mientras desocupamos un apartamento en un 4 piso. Nosotros vivíamos en la casa de Maria, una colombiana que nos alquilo su casa por un mes mientras podíamos pasarnos al nuevo apartamento. El apartamento de la venezolana no quedaba muy lejos de la casa de María y pudimos pasar a pie muchos de los sobrados de la señora. El apartamento parecía haber sobrevivido a un bombardeo porque el caos que se se había instalado. El autor de esta instalación era otro demente a una escala más elaborada, un dependiente del Internet y de los juegos de video que ya pertenecía más a esos mundos etéreos. Recuerdo que había una mascara de esas que se vendieron como tamal en derrumbe cuando apareció la paranoia del ántrax. El muchacho decía en medio de su discurso un poco incoherente que era un hacker y que su trabajo era hacerle la vida imposible al prójimo por Internet. La mama ya no viviría mas con el y el no estaba en condiciones de mucha autonomía para vivir solo. En medio del maremágnum de cosas rescatamos una enciclopedia de cocina que siempre consulto para deshuesar el pavo en diciembre. Recuerdo que había dejado una batería pesadísima que supuestamente alimenta los computadores cuando se va la energía. Era otra de las provisiones que tenia en su paranoia seguro para continuar conectado cuando los terroristas atentaran contra el fluido eléctrico de Montreal. Ese mamotreto difícilmente pudimos llevarlo a la casa de María, creo que ese calvario le toco a las niñas porque para ese entonces yo trabajaba en una fabrica de vestidos. El costoso aparato no se podía dejar perder. El esfuerzo sirvió de poco porque el demente ya lo había quemado y ya era inservible.




Son esas cosas que de pronto se ven como una bendición del cielo. La vietnamita propietaria del primer apartamento oficial en Canadá nos muestra una maravilla de televisión que debería tener por lo menos 24 pulgadas. Era un monstruo que difícilmente se podía cargar. Tenia un solo problemita, la imagen se quedaba concentrada en una linea de 1 mm que rehusaba a extenderse en toda la pantalla, un sonido impecable aumentaba la frustracion. El aparatejo era tan pesado que llevarlo a donde un técnico valía una fortuna. Ya donde el técnico quien sabe cuanto valdría el arreglo. Las personas que reparan están en peligro de extinción en esta sociedad, yo no me explico que tipo de trabajos hacen porque siempre sale mas barato comprar el aparato nuevo. Como ultima opción de vida para el aparato le tome unas fotos con la cámara que compramos en una subasta y que venia sin CD de instalación para descargar fotos y que amablemente Carlos nos lo hizo llegar para plasmar las primeras imágenes de la familia emigrante. Se suponía que pacho haría el diagnostico mediante fotos del aparato, conseguiría el transistor o lo que tenia malo en almacenes la cita de guayaquil y lo enviaría vía fedex al técnico remoto quien seguiría cuidadosamente las instrucciones para reemplazar la pieza. El problema era mucho mas grave, se trataba de un daño crónico en la pantalla y el dictamen del galeno de los televisores fue la eutanasia inmediata del casi cinema en casa.

Y del hacker de los computadores, ahora en proceso de rehabilitación psico-social sin la ayuda de bruno nos heredo esta mesa de redacción del drummondvillano. Algo que en el mercado no vale mayor cosa pero que sigue prestando su función.

En esos días previos al trasteo masivo de Quebec que se hace el día de la confederación canadiense, se hace precisamente ese día para estar lo suficientemente ocupados en otros menesteres como para que un quebecua recite el god save the queen. En esos días la gente empieza a botar cosas y a dejarlas en los andenes de las casas. Hay que apresurarse porque hay mucho necesitado en las mismas tratando de agarrar lo que sirva antes que otro avivato de adelante en el intento. Un barbecue un poco sucio, otras cosas que no recuerdo muy bien y una mesa de comedor como la que habíamos comprado en una venta de garaje, en muy buen estado y que necesitaba el recién llegado augusto. Como el asador tenía ruedas se podía montar la mesa desarmada encima a manera de carretilla. El sitio del hallazgo se encontraba a unas 7 cuadras de la casa pero había que pasar con esa procesión por avenidas muy congestionadas haciendo equilibrio para que la mesa no se fuera al suelo. Recuerdo que un árabe se compadeció y de detuvo para cargar las cosas en su camioneta. Yo no le entendía un pito, el caso que fue que al parecer el favor no era gratis porque yo simplemente le dije gracias al terminar su acarreo y el tipo empezó a cobrarme. Como cosa rara yo no tenia un peso en ese momento en el bolsillo y el tipo se fue un poco enojado. La limpiada del asador que duro varias horas con easy off y esponjilla de poco sirvió porque nunca lo utilizamos. Estábamos en un apartamento muy pequeño y hacinado que no tenía balcones o terrazas amplias para disfrutar de un asado. Allá se quedo tirado en el andén el día del trasteo a Drummondville para que alguien por fin lo disfrutara.

Y así otras cosas que se fueron quedando: el equipo de sonido comprado en venta de garaje por 5 dólares porque el lector de CDS no le funciona. Sirve de amplificación del computador y para escuchar los cassetes que también se consiguen regalados porque ya no pertenecen a esta época. Sillas, mesas, camas, estanterías y hasta un carro que nos cedió don Roberto y que se suponía estaba para santos oleos. Dos años viajando diariamente 150 kilómetros y se niega a ir al cementerio de carros. Un mecánico de esos que ya no se ven, un mecánico como los de Colombia que arregla lo que sea siempre lo resucita.

Esta es la sociedad en la que todo el mundo vive en función del consumo. En los fines de semana se ve el peregrinaje a los puntos de venta que ya han hecho su trabajo psicológico durante la semana inundando de volantes las casas. Allá están todos inventado que comprarse, inventando que reemplazar. Quien sabe si esos hábitos se vuelvan cosa del pasado si esta rececion sigue aumentando.

El valor agregado de esas adquisiciones usadas es que cada una tiene su historia. Gabriela se acuerda del recateo con un italiano por una chaqueta que por fin compro por un precio irrisorio, aun la acompaña en los inviernos. También se arrepiente de no haber comprado esa molinex por 12 dólares sabiendo que nueva casi vale 100 y que nos habría ahorrado muchas molidas a mano del maíz. El pimentero y el salero, una pera y una manzana, de las que se enamoro Gabriela y a las que no le mostró muchas ganas en su momento para que el loco vecino de Montreal se las encimara por la compra de su lavadora. La mecedora de Rony, el primer patrón de Gabriela y su singular mensaje en el contestador: hola habla rony, llámame. La chaqueta recuerdo de los fines de semana haciendo aseo en la refinería Shell, que a propósito había que devolverla luego de la súbita renuncia para viajar a Drummondville. El computador que armo Felipe en Colombia y que viajo con nosotros y donde estaban los diseños para mostrar en las compañías canadienses en las que solicitaría empleo. Siempre nos sirvió para conectarnos con Colombia durante el primer ano, me acuerdo que ahí hice un diseño para Montreal y fue en ese mismo aparato que le hice unos planos a Turner para demostrarle que lo de la hoja de vida no era mentira, me estaban midiendo el aceite y al menos había herramientas para demostrarles lo que sabía. Ahí sigue estorbando el tiesto, Bárbara lo sigue utilizando para jugar.

Objetos que sirven de pretexto para hacer marcha atrás y recordar hechos y personas en esta etapa por el Canadá. Y esos objetos alguna vez pertenecieron a personas que nos acogieron como los amigos mas cercamos en este país. Su recuerdo presente para no olvidar su gesto y siempre agradecerles su desinteresada colaboración.

1 comentario:

OCIOPINTORESCO dijo...

Muy bonito y pertinente el artículo. Aplica para cualquier inmigrante en cualquier parte del mundo. De todas maneras no hay personas más nostaálgicas que los Jaramillo. El abuelito y su capacidad de arreglarlo todo una y mil veces hizo que par aun jaramillo todo sea eterno. Ahora todo es efímero, sino porque está fabricado con materiales de mala calidad, porque se queda obsoleto comparado con otros productos y te crean la necesidad, el impulso casi visceral de comprar "lo nuevo". De todas maneras hay personas que se han dado cuanta de la cosa y que son nostálgicos y rescatan esos objetos del olvido. Ya no solo el LP de camilo sesto, sino el imaginario, lo que significa ese objeto obsoleto, olvidado. Es la tendencia de lo Vintange, que prancita Ricky con su Tocadiscos y muchos más en todo el mundo comprando ropa de segunda.