La dimensión del lote bien podría asemejarse, era más bien la minima en esa aun no densa Medellín, tal vez los planificadores urbanos no se imaginaron semejante migración del campo a las ciudades y que además las familias de clase media, esa categoría en vía de extinción, se iban haciendo menos numerosas.
La casa aun se niega a desaparecer, resistiendo el embiste de las grandes edificaciones que terminaron por rodearla. Desde los pisos altos ya se atraviesa la intimidad del patio. Los rayos del sol solo aparecen a medio día, cuando se encuentra en el cenit. Luego viene la sombra de la mole de concreto que se coloca a su costado, ya no hay necesidad de mover las pesadas bifloras al abrigo del sol. La propietaria parece tener más cimientos que la vieja casa en aquel lugar. Ahora se siente más segura, los edificios que delimitan la casa parecen murallas infranqueables, ni siquiera el loco Abel se atrevería a semejante riesgo.
Hace apenas algunos meses todo parecía desolado en aquel lugar. El producto de una tala indiscriminada de un bosque en un terreno de crecimiento urbanístico estaba a nuestros pies. Ya habían pasado los buldózer y el panorama más bien era desolador. Es la manera más facilista y económica de urbanizar. Solo en un barrio de casas de 300 mil para arriba habíamos visto como se conservaron árboles inmensos. Las maquinas le iban haciendo el quite a las especies que iban quedando gracias al azar entre antejardines o solares. El resultado es magnifico, el verdor y la frescura presente desde el primer minuto. Ese toque de vida deberá esperar por lo menos 15 años para verse reflejado en estas urbanizaciones más convencionales.
Mientras tanto las jóvenes familias se van instalando en las nuevas casas del Instituto de Crédito territorial. Ya ha pasado un año después de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y la violencia se recrudece en las zonas rurales. Los liberales a pesar de dominar ahora en el congreso retiran el nombre de su candidato para las elecciones presidenciales. El camino esta libre para Laureano Gómez, la primera versión de la seguridad democrática. Los militares se van instalando en las esquinas de la nueva urbanización, las preferencias que nunca faltan en nuestro país para esta elite, la fuerza publica aun esta muy politizada, aunque las cosas cambiaran con la posterior llegada del general Rojas Pinilla, para eso Laureano, el admirador del fascismo tendría que caer enfermo y desatarse una crisis institucional en el país.
La primera hilera de casas mirara a las tribunas del estadio los libertadores, se escucharan los goles y el entusiasmo que despertaban las estrellas del futbol mundial que en esos días nos visitaban. La Europa arruinada de la postguerra no podía pagarle los salarios que merecían. Más allá la torre de Tejícóndor, un icono diseñado por el Nel Rodríguez. La industria antioqueña se afianzaba luego de su improvisado surgimiento años antes. Los países desarrollados se habían concentrado en la fabricación de armamentos para la devastadora segunda guerra mundial, ahí estábamos los paisas para reemplazar los productos que ahora no llegaban vía importación. En Europa ya en 1949 a pesar de haber terminado el holocausto, los esfuerzos se concentraban en reconstruir la tierra arrasada. Aun faltaban unos años para que esos países se recuperaran y volvieran a reconstruir la industria multinacional que barrería con la que parecía la muy pujante y competitiva industria antioqueña. Ahora en manos de Laureano y gracias a esta eventualidad, la economía iba bien pero el país iba mal, ese era el rumor en las calles, sobretodo en el campo donde policía secreta al estilo de las SS nazis y grupos paramilitares comenzaban una reforma agraria a punta de amenazas y asesinatos. Los tiempos de chulavitas, de terrorismo y a falta de motosierra el corte de franela. Latifundios ahora en manos de la godarria y los curas afirmando desde los pulpitos, el cielo es azul, el infierno es rojo.
Y detrás de la casa, un solar con unos muros en ladrillo de canto, de acaso 3 metros de alto.
Aun no existía el miedo a los apartamenteros que vinieron mas tarde con los males de la gran ciudad. Un espacio enorme como para sembrar árboles frutales, el mas popular el imponente mango. No faltaron los naranjos dulces y agrios benditos para las bebidas curadoras de aquellos males caseros. Mas allá de esos muros y rumbo al sur hay un terreno pantanoso que no promete mucho como para continuar con este desarrollo urbanístico. Una quebrada que viene de los lados de Belén Miravalle aun no se canaliza y toma posesión de esas tierras luego del periódico arribo de los vendavales.
Monseñor Sierra divisa el valle desde el nutibara. A su lado Le corbousier señala el cerro del salvador como un sitio intocable que debe declararse parque para la ciudad. Sigue el paneo detrás de sus espesos anteojos y divisa ese terreno pantanoso justo detrás de la nueva urbanización y entonces concluye: ‘’Es el sitio ideal para su campus universitario’’. Después pide prestado un papel y en una servilleta dibuja una cuadricula en la que va rellenando unos cuadros a manera de ajedrez, era el trazado del barrio conquistadores justo al lado del campus universitario. Con el empuje del visionario contratado por el plan regulador de Medellín, monseñor se empecina en domar ese difícil pantano, rico en arcillas expansivas que hacen casi imposible la construcción de edificaciones. Banna con petróleo las charcas para acabar de una vez por todas con los zancudos, siembra los eucaliptos para delimitar el terreno y de paso secar la tierra. Es apenas el comienzo de la universidad.
Es tal vez una sensación parecida la que se siente al estar en este sitio. Las vías destapadas por la que aun no pasan muchos vehículos. Tal vez ellos podrían ver como lo hacemos ahora con la autopista que se dirige a sherbrooke y luego a los Estados Unidos, al estado de los hippies. Ese camino proveniente de la América y que pasaba justo al frente de la torre de tejicondor para llegar al mismísimo centro vital de Guayaquil. Casas además de separadas las unas de las otras mas bien escasas en ese lugar. La sensación de la puerta en media manga. Seguramente la fortaleza de esos cimientos en piedra y concreto, los muros en ladrillo macizo, las losas en cemento armado incluso en la cubierta en una urbanización que mas parecía estar en una zona campestre nos hicieron pensar que esas casas nos enterrarían a todos. Pero la ciudad se fue densificando y esas casas con sus terrenos empezaron a ser enormes para un sitio tan céntrico. Primero cedieron su vocación, para volverse comercios, improvisadas bodegas o tal vez confortables oficinas. Después se encaramaron apartamentos encima de las losas de techo, se subdividieron, se reformaron, luego fue mas fácil y rentable tumbarlas para construir torres que aumentaran mas la densidad de aquel ahora céntrico sector. Esa parece ser la dinámica de las grandes ciudades, las mismas que no terminan de crecer a pesar de no tener mas tierra para hacerlo.
La pareja haitiana debía verse con un pintoresco contraste en esta ciudad hace unos 20 años. De esos días recuerdan apenas un pequeño pueblo que apenas contaba con un limitado numero de manzanas. Ya había pasado el tiempo de la era industrial, la fabrica de pólvora alimentando las trincheras de la primera guerra mundial Tal como aquella torre de tejicondor quedo la esbelta chimenea que alcanza a verse desde la nueva casa, ahora funciona un colegio que guarda el mismo nombre de la enorme polvoreria. La gran industria textil que atraía trabajadores de todas las regiones de Quebec comenzaba a ceder ante laS importaciones del lejano oriente. De ahí solo queda el entable vacío, alguna vez fue aprovechado por la fábrica de estructuras de madera que ahora se encuentra en un cajón mas moderno. El lote es inmenso y suena para campus de una universidad ojala sin animo de lucro como es la moda en los estados unidos. Una cárcel municipal esta a unas pocas cuadras, es uno de esos centros para nada intimidantes y que mas parece un colegio. Allí se pasa poco tiempo gracias a la benevolencia del sistema judicial.
El ábside de una iglesia de los testigos de Jehová se alcanza a ver entre los lotes aun no construidos. Se respira tranquilidad al saber que olvidaron su proyecto de cementerio, un lugar que no le falta a cada templo de esta ciudad. Muchos barrios de los acostados dispersos en la ciudad, abiertos y con un clima helado que ayuda seguramente a la conservación de sus habitantes. El parqueadero de la iglesia esta lleno, la misma historia no la cuentan desde hace tiempo los templos católicos que abundan aun ya vacíos en la ciudad.
Se siente raro estar en un lugar propio, las raíces cimentadas en esta nueva tierra. Un pretexto más para no abandonar la lucha del emigrante. De los estados unidos se escuchan voces de los que ya hace un año entregaron sus casas, esas maravillosas mansiones de 300 mil dólares que prometían valorizarse y seguir inflando la gran burbuja hipotecaria. Las casas terminaron costando la mitad y la gente comenzó a entregarlas al banco. Los más candidos creyentes de esos noticieros que nunca dicen la verdad esperaron. Fueron llegando nuevos vecinos que como buitres del fracaso de los dueños originales ahora pagaban la mitad. No quedaba más remedio que entregar las casas y capitular ante el banco.
Dicen que la construcción residencial en Quebec la sostienen las bajas tasas de interés. Se espera no estar pagando por una propiedad inflada que se va enfrentar a la realidad del valor real. La economía de la ciudad sigue siendo la gran incógnita. El boom de hace unos 10 años ha terminado, cuando la ciudad fue elegida la segunda en desarrollo en toda la America del norte. La economía americana parece recuperarse un poco, al menos el discurso del gobierno ha cambiado un poco, se sienten vientos de confianza provenientes de los vecinos del sur. Hay rumores de que los intereses hipotecarios tal vez se incrementen. Al menos los requisitos para los créditos se han vuelto mas exigentes. No se quiere repetir la experiencia americana. Sin embargo un fenómeno extraño se comienza a ver en la ciudad, los apartamentos comienzan a quedarse vacíos y los arrendatarios se vuelven propietarios de nuevas casas, o tal vez las fabricas se están cerrando y las gentes buscan suerte en otra ciudad. Hay una relativa calma, un ambiente de duda, no hay mucha confianza en el futuro. Ya las ventas en el sector de la construcción bajaron a la mitad en el semestre pasado, hay una tendencia al alza pero aun no se alcanza a recuperar.
Si bien hace tres meses todo era desolación y se pensaba ser los únicos arriesgados que se instalaría en esa urbanización, ahora el panorama es bien distinto. Al menos se ven ya construidas una docena de casas como aquellas que se disponían hace 52 años entre el estadio los libertadores y los terrenos de la nueva universidad.

1 comentario:
me encanto el paralelo y siempre con esa red entretejida de tantos temas que van apareciendo.
felicitaciones de nuevo.
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