Estábamos un poquito embolatados en eso de la recepción de los invitados, ya que nos fuimos a buscar el ahogado río arriba, es decir nos fuimos para la sección de vuelos internacionales y el bendito vuelo 402 de Air Canadá proveniente de Toronto no aparecía en las pantallas. Nos fuimos para la sección de vuelos nacionales con la sorpresa de saber que el vuelo 402 ya había llegado hacia media hora y los tripulantes ya se habían marchado todos para sus casas. Con la tradicional paranoia de Gabriela, empezamos hacer especulaciones sobre una posible perdida de nuestros invitados, tomaron un taxi, un paseo millonario, en fin. Nada de eso pasa en Canadá, pero si se nos hacia bastante extraño que los itinerarios no se cumplieran. Un señor que esperaba igualmente una señora de Colombia que venia en el mismo vuelo nos tranquilizo y nos dijo que usualmente cuando las personas no hablan ingles y se demoran más de la cuenta en las vueltas de migración pues simplemente agarran el próximo avión Toronto-Montreal y se acabo el problema.
Efectivamente los invitados llegaron en el siguiente vuelo, el de las 10:30, finalizando una travesía que arrancara a media noche en Bogota. Tres años sin ver a doña Rosa y don Joel y el tiempo parece no hacerles mella. Siguen igualitos y muy duchos en esto que pensábamos iba a ser bastante complicado para ellos. Parece que pasajeros muy colaboradores les ayudaron en eso de las traducciones y el personal de las aerolíneas los condujo por los laberintos de estos inmensos aeropuertos Canadienses.
Sin pegar el ojo en todo el viaje y con un cansancio acumulado, arrancamos hacia Drummondville para buscar el buen reposo, no sin antes entrar a uno de los café Tim Hortons que invaden todo el territorio Canadiense y degustar el café de vainilla francesa que parece haber colmado el gusto de los invitados. Como todo lo que venden acá es rico en calorías, es decir dulce y hostigante, las opciones de la vitrina no entusiasmaron mucho sobretodo a doña Rosa quien dijo haber sacado de su dieta las harinas, menos las de maíz por supuesto. Una vueltecita relámpago por Montreal para de paso entrar al maravilloso mercado Jean Talón y comprar unas frutas en la tienda de los árabes. Un paso por el primer hogar en Canadá: La casa de don Roberto, mas adelante nuestra casa en Montreal, o más bien el apartamento de la China, que doña Rosa alcanzo admirar. No sabemos si la falta de sueño estaba afectando su percepción . El estadio Olímpico, el suicidadero Municipal, o mas bien el Puente que lleva el nombre del descubridor de Canadá, Jacques Cartier, el imponente río San Lorenzo, el autodromo Gilles Villeneuve y línea recta a 100 kms por hora dirección Drummondville. Pestañando en el camino se admiro la agricultura extensiva, los cultivos de maíz, arroz según le parecio a don Joel y la planicie infinita que es interrumpida por unas contadas colinas a las que se les hace el debido escándalo.
Entrada triunfal a Drummondville por el sector industrial, y llegada al barrio de los Drummondvillanos que impresiono a los visitantes por su belleza, orden, tranquilidad y limpieza. Ya habian visto el despelote y hacinamiento de Montreal y se notaba el contraste. Inspeccion del apartamento en Drummondville, aprobación inmediata. Posibilidad de escoger o la suite de las turistas del lejano oriente o el sofá cama de la sala. Como eran las 2 de la tarde, y la idea no era descuadrar el sueño, los distinguidos visitantes hicieron una entrevista exclusiva al Drumondvillano, apartes que pueden ver en los videos anexos a este artículo. Terminada la entrevista los invitados vieron el video y de paso conocieron el enigmático galán de Camila y de paso la sorpresa por el evidente contraste físico. Para calmarlos de la impresión y mitigar el impacto se hicieron las respectivas descripciones de las excelentes calidades como persona del budista de la familia. Don Joel se dio una pasadita por uno de los Dolaramas, almacén de cacharros gigante de productos traídos de China. Lo que agarre por 1 dólar. Tanto fue el entusiasmo con la novedad de los artículos y los precios que esta pensando el llenar una maleta con cacharros y reabrir su famosa tienda misceláneas Jota.
Pero no propiamente cacharros fueron los regalos de Colombia, a todos muchas gracias por colmar los antojos, la música, las películas, la música, la ropa, en fin, la nota de Pilar que nos hace sentir que esta muy cercana aun a pesar de la distancia. Hasta una carta de Cristóbal haciendo efectiva la facturación a los padrinos Canadienses, estamos haciendo los esfuerzos económicos para llenar las expectativas del ahijado. El paseo sigue viento en popa. Salvo las obligadas dificultades de los anfitriones que se deben ausentar en el día por razones laborales, Bárbara ha suplido esta ausencia sirviéndoles de guía y traductora en la villa de Drummondville.
Seguiremos informando los pormenores del periplo Jericó-Medellín. Hasta una próxima entrega.
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