POR JUAN MANUEL Y LORENA




Una vez más, desde Gaia, para informares de las últimas novedades. Como les habíamos informado, el fin de semana, en visita de médico, Gaia recibió con beneplácito la grata compañía de la familia Jaramillo Gaviria y de Carlos, quienes luego de un viaje eterno desde la ciudad del valle de los aburridos que duró cerca de seis horas —explicable si se tiene en cuenta que el conductor era el mayor de los Jaramillo Uribe quien a eso de las 6:00 PM. le "pica"la cama y empieza su periplo dormitoso— llegaron, por fortuna, sanos y salvos.
Imitando el estilo de Isla Fuerte, donde los dueños de casa lo reciben a uno con camiseta de la Isla, cocktail y cintiilla en la mano, en Gaia se les brindó un espirituoso vino chileno y se les asignaron las sendas habitaciones. El conductor, debido al cansancio normal del viaje y, por supuesto a los años que no vienen solos, tomó posesión del primer nivel del camarote, reservando el segundo nivel para el heredero del heredero de Gaudí y de la princesa Dorifax, el inquieto Manuelito que, debido a su intensa cansonería, fue atinadamente bautizado por la dueña de casa, la infanta Lorené, con el acertado remoquete de "Hiperactivid Compuesto".
Tan pronto comenzó a clarear en la mañana, el veterano conductor de varias batallas a Santa Elena y el heredero de Gaudi, Germán Enrique el Restaurador, se dieron a la tarea de instalar en Gaia un citófono, el cual sirvió para limpiar los cielorasos en búsqueda de la famosa línea viva que uno sabe que está realmente viva cuando, al tocarla, recibe tal descarga eléctrica que hasta la lengua se traga. Luego de tres horas de implacable búsqueda de la tal línea que semejaba una de las pesquisas del DAS y mientras Dorifax e Hiperactivid Compuesto dormitaban a pierna suelta, el citófono, al fin, quedó excelentemente instalado y la mansión de Gaia, gracias a este artefacto extraño, pasó de estrato bajo a estrato 8, con el consecuente incremento de impuestos, servicios públicos, etc.
Esa mañana, luego de la penosa instalación del citófono, los invitados y, por supuesto, los señores de casa, se dispusieron a ver el partido de fútbol por el tercero y cuarto puestos, si bien la tarea no fue fácil, pues Hiperactivid Compuesto se adueñó del control de la TV y no hubo poder humano, ni extraterrestre ni celestial que permitiera que dicho control regresara a las manos del angustiado restaurador quien, por esa razón, se perdió de las mejores jugadas.
Lamentablemente, en ese partido, Danieliño no estaba jugando, pues ya había sido eliminado de la fiesta mundialista en una confrontación anterior. De todas formas, Drumondvillano recuperó una de las fotos de Danielillo quien, como pueden ver, se encuentra un poco bronceado luego del intenso verano canadiense.
Luego se hizo un periplo por la cuidad y desde uno de los miradores, los ilustres visitantes pudieron contemplar el atardecer y darse una idea del ingenio manizaleño que fue capaz de colgar las casas de las empinadas laderas sin que ellas se les rodaran. Claro está que este sería un buen desafío para la empresa donde labora Danieliño donde la instalación de las casas es "mamey" —como diría Alfonso— comparada con la fijación de las casas en estas empinadas montañas.
Al día siguiente, los visitantes tuvieron la oportunidad de visitar las cascadas y de bañarse en sus gélidas y cristalinas aguas, con el consecuente entiesamiento de sus extremidades inferiores. La primera en lanzarse al agua y de recibir la furia de su caudal fue la atrevida Dorifax, experta en todo tipo de deportes de "alto riesgo" como es el de visitar todos los días la comuna nororiental con sus alumnas de enfermería. "Dios la guarde y la proteja por muchos años" como diría la abuelita Amalia.
Al regreso, vino la final del mundial de fútbol, pero por culpa de Hiperactivid Compuesto, quien al tomar posesión de la silla ipso facto también tomó posesión del control, los televidentes nos perdimos el cabezazo del franchute que dejó noqueado al romano gladiador. Por fortuna, se trató de un insuceso noticioso que después será repetido per secula seculorum, amen, en todos los noticieros.
Pero lo más interesante del viaje de los ilustres visitantes fue que, como preparación para su próximo viaje a Drummondville, Hiperactivid Compuesto y el restaurador comenzaron sus clases de patinaje en el hielo, con las consecuentes acostadas en el frío piso y los moretones al otro día. Esperamos que en Medellín —si es que en esta urbe existen pistas patinaje en el hielo— los Jaramillo Gaviria continúen su entrenamiento para su próxima visita al Canadá. En Manizales ese tipo de escenarios pululan, pues basta con subir al nevado y trae hielo de los 5.200 metros de altura.
En fin, fue una muy agradable visita que esperamos se repita. Quienes aún no han visitado a Gaia y quienes lo han hecho ya saben que las puertas están abiertas y que, además de la estancia en la casa, pueden disfrutar de variados programas, incluyendo, claro está, la pista de patinaje en el hielo como entrenamiento para los viajes a Drummondvile.
Saludos para todos desde Gaia, Lorena y JM
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