En
estos tiempos de zozobra la citación a una reunión general de urgencia no
despierta otra cosa que el miedo a recibir esa noticia que tarde o temprano se
venía llegar. El gran jefe espera paciente la llegada del último de los
convocados que retarda un poco lo inevitable. Ya otra compañía vecina y
competidora de mediano tamaño había sido absorbida por una especie de Wallmart
o Mac Donalds de la construcción. En esa ley de la jungla capitalista donde
esas corporaciones depredadoras andan al acecho para digerir las medianas
compañías, que hasta hace poco fueron opulentos monopolios de un pequeño reino.
El gran monstruo se acerca, mira los recursos de su diminuto competidor y
parece arrepentirse, al menos por este año en que las cifras de ventas y la
crisis económica no son muy halagadoras. El problema acaparar con la gran parte
del mercado nacional es igualmente acaparar de manera directamente proporcional
los periodos de crisis y sus respectivas pérdidas.
Por un
momento pensé en la nueva situación, el hacer parte de una organización Jonàs,
tragada por la gran ballena. Engullida sin despedazarse y aún intacta, ahora
sobreviviendo al abrigo de los demás peligros del océano y ahora viviendo en la
oscura caverna de aquel cetáceo. El
siguiente paso es el de ser asimilado por el gran organismo y empezar a
funcionar como un departamento más de una organización piramidal, un
compartimento mas, seguramente especializado en una fracción de aquel monstruo.
El
dueño de la pequeña barca, el presidente de la compañía, ahora quijote que por
el momento está a salvo de las aspas de los molinos de viento se dirige a los
asistentes. Agradece el magno esfuerzo de los sobrevivientes del último recorte
de personal, "Muchas gracias, su esfuerzo ha sido enorme en los últimos
meses, el último mes ha sido el de mayor venta en la compañía y ustedes pocos y
valientes han sabido sortear la demanda". Cuando todos pensaban en un
aumento salarial salta al tema de la eficiencia y la calidad.-"Porque
seguimos trabajando con los estándares de hace 7 años?"- Simple, el
trabajo siempre es de extremos, o está desbordado o simplemente no hay nada, en
la última situación, no se aprovecha el tiempo para mejorar los procedimientos,
simplemente envían al personal a sus casas.
Seguimos
en modo supervivencia y hay que seguir agradecidos con una empresa que resiste
al destino de las pequeñas compañías, el dueño se aferra a lo que para las
grandes empresas es imposible, el contacto personalizado con el cliente, el
seguir siendo esa tienda de la esquina donde el buen vecino acude a comprar la
bolsa de leche. Ahora las tiendas de barrio están metidas en una gasolinera y
el que esta detrás del mostrador está lejos de ser el familiar tendero de
barrio. Su atención está marcada por frases automatizadas, es un robot mas del
sistema que se instala en este paisaje. Mientras tanto seguimos viviendo esa
metamorfosis que nos llevara al inevitable destino final de esta sociedad.
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