lunes, octubre 10, 2011

TERESITA


Esa mañana se levantó un poco tarde, una extraña voz en su interior le recordaba el día de su patrona, Santa Teresa del niño Jesús, así que había que apurarse para no perderse la misa de 8, el encuentro místico con ese ser que vivía en su nombre y con el que encontraba semejanzas al leer su vida y obra.
La pastilla de esta hora vuelve aterrizarla en el mundo de aquella casa inmensa, de habitaciones vacías que antes estaban copadas como hotel en temporada alta. Recuerda los múltiples trasteos de su piano, de la sala a la pieza de la música muy atrás, llenando con su música los solares de las casas vecinas. Ahora desde la ventana ve como las moles de concreto han taponado aquel inolvidable efecto que llenaba el ambiente con ejercicios repetitivos en búsqueda de la perfección, sonidos que aún debe recordar Diego Mesa donde se encuentre.
No sabe exactamente en que día de la semana esta este presente, de lo único que está segura es que no se trata del sábado en donde la casa vuelve a llenarse de personajes, algunos conocidos, otros olvidados, de sobrinos que se quedaron niños para siempre y a los que insiste en inducirlos al mundo de la música. Piensa que limpiar puede ser una terapia buena recordando alguna extraña teoría de Marielena. Radio Bolivariana o La voz de la cámara de comercio pueden contrarrestar esos programas frívolos o esas noticias pesimistas que se escuchan desde el radio de la cocina. Sabe que alguien más hace ese trabajo pero prefiere evitarlo, así como a esos personajes que no logra recordar y que siempre llegan puntuales los sábados.
El sábado anterior escucho desde su habitación la llegada al sexto piso de otro de los hijos de esta casa. Se pregunta con curiosidad de quien hablan, de cómo y a que horas tanta agua ha pasado bajo el puente y piensa en lo afortunada que es al haber desconectado ese cable que la ataba a la energía de este mundo, de como la vida parece no afectarla, de como sigue en el mismo sueño, de como el tiempo se ha detenido, como mañana son las audiciones en el conservatorio. Desde su ventana ve como se transforma la casa de doña Inés, como siguen montándole pisos y mas pisos, sin embargo la sala de conciertos sigue intacta, ya hemos pasado todas las sillas de la casa para llenar el selecto auditorio que empieza a llegar. Ella es, dice doña Inés, es la niña de la que les hablaba, nunca había visto a nadie tocar el piano con tanta dulzura.
Al entrar a una de las habitaciones parece ver el antiguo piano, que alguna vez fue pianola. Hoy está un poco más claro, parece además recién afinado, desde que Danielito se fue para Jericó ha dejado de sufrir la tortura de su música. Hoy es un día especial como para volver abrirlo y apoyar sus manos en el teclado. El delicado peso de sus manos que parecen independientes de su mente, como gobernadas por un extraño duende comienza a dibujar complejas melodías que al parecer quedaron indelebles en su memoria.
Hoy debe ponerse más bonita que de costumbre, una belleza que no quiere abandonarla y que espera la puntual visita de Pedro Juan. Hoy querrán tocar algo alegre, la ocasión lo amerita, tal vez Mozart sea la mejor opción. Ella toca con el corazón, no es una maquina como ese Harold Martina, aunque no hay que olvidar la técnica como decía Consuelo.
Suena el teléfono, una llamada que proviene de una modesta habitación del barrio Cristo Rey, luego de ser la reina de la aristocracia paisa. Doña Dita quiere felicitar a su nueva hija en su cumpleaños, hablarle de sus proyectos con el colegio, ese que lleva el nombre de su hija, de esas melodías pentatónicas que deben acompañar los primeros años y que quiere que toque. Quiere aconsejarla, quiere que salga de esa casa, que viaje, que sea libre, quiere que por fin sea feliz.
Hoy casualmente viene acompañarnos Anamaria, la compañera generacional y de habitación en la remota infancia que recuerda más que el presente mismo. Un polo a tierra y una luz de razón para su mundo de sueños, de sensaciones que en esta casa casi nadie entiende. Tal vez solo ella que la escucho tanto tenga la clave para hacerlo.
Es lunes, es el día en que renegamos por volver a trabajar así que no hay mucho ánimo para fiestas. Pero igual el fin de semana antes o después seguramente hubieran llegado nuevamente sus amigos de juventud, Raquel Echeverri y los demás que no recuerdo pero que ella tiene aún bien presentes en ese compartimento indeleble de su mente, en una fiesta donde la música de su piano seria la protagonista y no habría necesidad de más.
Ella dice que hubiera preferido que ese don que Dios le dio para la música se lo hubiera dado para la pintura, al menos esta última deja rastros y no desparece después de una sentida interpretación. Pero al menos llena momentos inolvidables y tal vez no se vuelva habitual y casi invisible como los muebles de una casa.
No es un día para efemérides, para recordar anécdotas, para discursos, para una fiesta habitual como las que se hacen cuando se llega a una cifra redonda que marca un decenio más. Una fiesta que con ayuda del preciado etílico nos desconectamos un tanto de esta realidad y vamos adentrándonos en ese mundo irreal en el que ella ha habitado por tantos años. Llevando la locura que tal vez nosotros no hemos podido asumir y sin entender demasiado estas líneas tan racionales, felices sesenta llenos de buena música que siempre vibrara en tu interior.

5 comentarios:

Dorita dijo...

Daniel un mensaje profundo lleno de belleza y de sutileza como la vida de Teresita, entre lágrimas leo tus palabras que me conmueven profundamente.

Hoy me uno a ellas con la esperanza de que la dulzura de las manos de Teresita, hagan sonar de nuevo las bellas melodias a piano que nos transportan en el mundo inmenso de la música.

el drummondvillano dijo...

Gracias Dorita, es el deseo de todos los que por ahora somos imagenes de su profundo suenno, un abrazo

Lucia dijo...

Hola Daniel aca estamos deleitandonod con tan agradable cronica, Teresita dice estammuy emocionada con tan increible relato, dice es que Danielito va avenir o esta aca..Mi mama dice que es que Daniel si sabe poner las palabras donde son, feliciones.pa que le cuento que mi mama dice que el sabado nos comemos la torta de los de octubre Calocho y Carlos que llegan a los 65, Juan Manuel y Pilar
Saudes
LUCIA

el drummondvillano dijo...

Hola Lucia, que bueno que la cronica le gusto a Teresita, yo soy el que arranco la tanda de los de octubre bien temprano, el 2. Lastima no poder disfrutar del buen pedazo de torta. Un abrazo para todos.

maria elena dijo...

que hermoso homenaje...gracias