
Por fin pude entender porque no se aplica esta sencilla lógica en nuestro país. Ahora resulta que donar alimentos a punto de perecer es más costoso que botarlos a la basura. En este artículo se explican las absurdas razones del gobierno y de nuestra sociedad que sigue permitiendo este exabrupto.
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Cuando se llega como emigrante a este país, casi siempre sin un peso en el bolsillo, sin idioma, sin experiencia canadiense para obtener un empleo y con una familia que alimentar aparece una justificable preocupación.
La señora encargada de instalarlos en la ciudad acude a las herramientas que el estado tiene para estos casos. Los respectivos subsidios, en mi caso era el famoso subsidio al desempleo ya que había trabajado en Montreal. No creía mucho que el cambio de ciudad iba a servir como pretexto para solicitarlo, así que saco una forma en la que solicitaba el bienestar social, el B.S. una sigla que tiempo después me di cuenta que era utilizada en el lenguaje callejero como peyorativa. Algunas personas en correcto uso de sus facultades físicas y mentales, en un país que necesita permanentemente mano de obra, prefiere declararse desempleada y opta por la ley del mínimo esfuerzo, acudiendo a papa estado para que le ayude a sobrevivir.
La señora saca otro formulario, es el de la solicitud a 7 semanas en el banco de alimentos. Advirtió que se trataba de una ayuda en especie, que incluía generalmente alimentos que requerían consumo rápido. No nos hicimos muchas ilusiones en su momento.
Y llegamos al banco de alimentos, un funcionario voluntario y sin remuneración nos atiende. Muchos de los funcionarios que allí trabajan lo hacen por el simple gusto de colaborar, otros por ocupar el tiempo libre de la jubilación, otros porque están pagando una condena en términos de servicio civil, otros porque no tienen empleo y quieren un salario en especie que le de comer a su familia.
Es impresionante la abundancia que se ve en esos sitios. La organización de los productos que se van distribuyendo, unos de manera más generosa antes que se pase le fecha de vencimiento. Recuerdo que los enlatados era lo que más abundaba, aunque también se veían legumbres y hasta carnes. No se como aparecían los productos de aseo personal que supuestamente no son perecederos. El banco también recibe donaciones en dinero y en productos de compañías que lo hacen sin el miedo de tener que pagar impuesto por las mismas.
En diciembre hasta aparecían pavos para la cena navideña. Se hace una colecta en el resto de la sociedad y aparecen las anchetas para los beneficiarios. Incluso daban un ficho para entrar a un salón inmenso lleno de juguetes en el que la familia tiene derecho a sacar una cantidad limitada. Hasta habían pensado en el niño jesus.
Todavía dicen que en Colombia el problema es de dirigentes, que son ellos los que traerán esa fórmula mágica que resolverá todos nuestros problemas. El lio parece aún más grave, si uno piensa que implementar estas políticas sociales es imposible. Imagínese bancos de alimentos por todas partes, las empresas productoras y los centros de distribución evadiendo impuestos con esta nueva salida. Así se creen bancos de alimentos debidamente estructurados y reglamentados lo primero que pensamos es en como los funcionarios le sacarían provecho a esta abundancia. Como los que no necesitan el servicio estarían en primera fila exigiendo sus derechos. Recuerdo cuando era jefe de planeación que llegaban terratenientes que por el solo hecho de tener una finca inmensa descuidada se creían con derecho a pertenecer al SISBEN. Me imagino a los vivos pasando por encima de los bobos para llevarse la mejor tajada de esos bancos, me imagino otros sacando productos para revenderlos, me imagino los supermercados de los barrios populares sin clientela porque ahora el estado tiene que cargar con todos los pobres, me imagino ese gen español, esa inteligencia y creatividad desbordada para sacar el mejor provecho de la situación.
Deben ser muchas las razones por las cuales este mecanismo tan simple no se pueda ejecutar en Colombia. No es solamente una cuestión tributaria como bien dice el funcionario de la DIAN. Simplemente nuestro subdesarrollo no es económico es comunitario, no sabemos organizarnos como sociedad civil, en medio del desorden y la comodidad de nuestra posición social solo esperamos que el gobierno se encargue de esos penosos asuntos como la desnutrición. Sin embargo la solución no parece ser costosa y está en nuestras narices, una simple organización comunitaria, la que se le quedo en el papel en el famoso slogan del gobierno de Uribe: hacia un estado comunitario. Creyó seguramente que hacer consejos comunales al estilo de juntas veredales nos llevaría a ser un estado comunitario. Creyó que otorgándole subsidios a los grandes empresarios agrícolas o crear una red de delatores incluso en las universidades, con ello también estaría cumpliendo su programa de gobierno. Como siempre el slogan se quedó en buenas intenciones. Mientras tanto nosotros seguimos eligiendo los mismos cuentos o nos entusiasmamos con un candidato que parecía muy honesto. El problema es de todos y algún día tendremos que organizarnos sin depender del estado. Las herramientas y los ejemplos están ahí.
1 comentario:
si senor que excelente ejemplo de algo tan facil y a su vez tan dificil ...
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