sábado, mayo 21, 2011

AL LADO DE LOS TRENT


La familia llega a un territorio ya pacificado. Los indígenas han sido espantados a tierras mas al norte. Los militares de origen inglés enviados por el gobierno para hacer presencia deciden asentarse y echar raíces en estas tierras. Cambian por un momento el azadón por el fusil que se mantiene a mano, solo por si los americanos deciden montar el rio y continuar su expansión, tal como lo hicieron con tierras mexicanas al oeste.

Al mismo tiempo y miles de kilómetros más al sur una familia igualmente numerosa se debe estar instalando en un terreno hasta ahora baldío. Los conquistadores hicieron un mejor trabajo. A los indígenas más agresivos los eliminaron, al resto los esclavizaron, hubo que traer negros para los trabajos más duros, eso fue cuando empezaron con la minería luego de encontrar todos los tesoros. Fue quedando una prole más o menos oscura, ojala no demasiado. Un señor muy distinguido es el que parece administrar los nuevos terrenos ya les vendió estas tierras. Hay mucho quien trabaje, quien cargue la piedra del río, de las lejanas canteras, quien excave la tierra y luego la apisone entre formaletas de madera.. Madera, eso es lo que hay para cortar sin miserias, y acá no más en el mismo predio, arboles de abarcadura para sacar los cuadros de donde saldrá la armazón del techo, hay mucho comino, hasta para mandar hacer muebles con las parte crespa de las raíces y mucho artesano, gente con mucha maña, mucha paciencia para tallar y fabricar hermosos detalles. Hay quienes son capaces de hacer un complejo mosaico en el piso con solamente piedras clavadas. Se toman todo su tiempo, los jornales son baratos, parece importarles más la comida que sobra en estas tierras. Si se portan bien hasta podemos hacerle una casita. No propiamente de tapia, hay guaduales y caña brava suficiente para armar las estructuras de bahareque, bestias de sobra produciendo cagajon para los pañetes.

Parece la descripción del país rico de hoy y ubicado mucho más al norte. Porque para ese entonces el capital humano más importante que tenían los Trent para construir su casa era su propia familia. La guía turística muestra como uno de los hijos que al parecer tenia habilidades artísticas pinto un mosaico geométrico sobre el piso de madera del vestíbulo. No alcanza a ser deslumbrante. Supongo que el buen tiempo para la construcción y los finos detalles era limitado. Hay que apurarse e inventarse técnica que agilicen el trabajo. El bosque parece infinito, y abra madera para muchas generaciones más. Pero son tan pocos que habrá que inventarse además un manual para todo el mundo, para que esto no sea exclusivo de ingenieros y arquitectos. Las mujeres también pueden trabajar, todos los días aparecen herramientas que hacen el trabajo más liviano. Todo se va haciendo por partes en bancos de carpintería, más tarde izaran los muros, las cerchas de techo, todo debe estar listo o al menos cerrado para cuando llegue el invierno.

La escasa mano de obra se vuelve valiosa, bien pagada. Los jóvenes prefieren los oficios profesionales a los estudios universitarios. Abundan los contratistas de construcción, los plomeros, los electricistas, todos egresados de centros de formación profesional. Todos bien equipados, tienen siempre sus logotipos y su publicidad en sus camiones, generalmente un martillo como símbolo. Porque este país se hizo a martillazos, clavado como un cristo. Ensamblando piezas de madera.
Mas al, en nuestras tierras la arquitectura se moldea, ahora con el cemento armado, antes con la tapia pisada, ,o con estructuras de madera rellenas de tierra. Luego vino la arcilla secada al sol y luego en hornos, pequeños bloques que se fueron pegando hasta formar ciudades anaranjadas. Nuestras ciudades en el fondo son barro moldeado y horneado. Construcciones pesadas, rígidas en una zona inestable y a merced de movimientos de la tierra. En el inconsciente colectivo pesa mucho la idea de la casa de material, la por fin estable y duradera casi hasta la eternidad, que desplazo, la tapia, el cancel, el bahareque. Luego vinieron los ingenieros e insertaron más acero, más concreto, mas costos, mas rigidez al asunto.

Un vendedor del país del norte utiliza la estrategia de menospreciar la competencia. La gran competencia que hasta hace poco tiempo era un monopolio. La del heredero de una enorme porción de tierra contigua al emplazamiento original de la ciudad. El urbanizador. –En su vida ha agarrado un martillo- dice el vendedor. No es como mi contratista, ese si es un verdadero constructor. Los avisos de los vendedores siempre tienen su foto como parte esencial del cartel. Muchas son a prueba de tiempo como aquellas que se exhiben en las redes sociales de internet, la foto de años mozos que ya pasaron

El ritmo de la construcción ha cesado un poco, tal vez por la desconfianza de pensar que este país se contagie de la gran crisis hipotecaria americana. La explosión de la burbuja tal vez pueda llegar de rebote y como tantos otros coletazos algunos meses después. Las fábricas se están cerrando, a veces parece el preámbulo del fin. Por eso las entidades financieras ajustan las tuercas del sistema. Ponen más trabas a la cuota inicial y más lupa a las declaraciones de los solicitantes.

A pesar de todo y para una familia proveniente del sur, acostumbrada a pagar intereses de usura para la adquisición de vivienda, el ambiente nórdico les parece el paraíso del crédito. No puede creer que desde la primera cuota se pueda abonar al capital. Los financieros de su país siempre le decían que eso era imposible. Lo lógico seria que la cuota no alcance ni siquiera a pagar los intereses y que el capital suba como espuma todos los días. Pero la entidad financiera esta ahí para ayudarnos y para esperarnos el tiempo que sea necesario, así terminemos pagando la casa no se cuantas veces.

Y los hijos de los hijos de los Trent y de esa familia mucho más al sur se cansaron de esta vida rural. En el norte era la monótona y esclalvizante vida al pie de las ovejas, del ordeño de las vacas, de almacenar el heno para el invierno, de volver abrir la tierra luego del invierno, de esperar las nevadas para fijar los baldes a los troncos de los arces, de ser rigurosamente disciplinado con este ritmo, repitiendo la misma rutina, como sus padres, como su abuelo y de ahí para atrás. De ir todos los domingos a misa para darse cuenta que no estaban solos en estas tierras. Llegaba el tiempo de irse a la gran ciudad donde se instalaron fábricas de manufactura al lado del puerto, donde se construyen barrios obreros y por fin pueda ver la vida y el movimiento de una sociedad.

Y más al sur era la crisis la que los espantaba, los irrisorios precios del café, la persecución a los liberales y el afán del botín de tierras por parte de los gamonales. La presencia de pájaros y de guerrillas que resisten la embestida. En Medellín también aparecen las industrias, las que se inventaron los paisas cuando los países desarrollados solo producían armas para su guerra.

Por muchos años la ciudad fue prospera, ciudad con empleo, con parques, con escuelas, universidades, hasta hicieron una exposición mundial, unos olímpicos con un estadio a medio terminar gracias al ambicioso diseño del arquitecto. Se construyeron autopistas y viaductos que conectaban rápidamente el norte con el sur, el este con el oeste. Enormes puentes, intercambios viales que más parecen un complejo sistema arterial. Más al sur solamente una autopista paralela al rio, para acabar de separar más la otra banda. Luego una avenida separando el centro de la ciudad con sus múltiples carriles, con una brecha que hoy intentan volverla túnel sin saber que hacer con los gases que produce. Hoy abro el periódico y veo que por fin los políticos permitieron la conexión del poblado con manrique por medio de una circunvalar, han capitulado en su afán de mantener esterilizada esta zona de la ciudad. Debe ser que los ricos ya viven en llano grande y no hay peligro de tener la chuzma tan a la mano.

Los barrios se van deteriorando, llegan nuevos habitantes, de múltiples colores, razas, con diversas costumbres, algunas difíciles de entender. Son miles de arrendatarios, los dueños de los apartamentos hacen no mínimo por el mantenimiento, la ciudad se va tugurizando. Más al sur no hay más tierra para el desarrollo urbano. La única solución es densificar, comenzar a instalar torres con diminutos compartimentos a los que llaman viviendas, a tumbar barrios enteros de baja altura y volverlos mini manhatan. Siguen siendo costosos y así tienen que serlo, de lo contrario la invasión será total. Las torres se hacen en un abrir y cerrar de ojos. Han inventado un sistema extremadamente veloz, pero esa velocidad no se ve reflejada en un precio abordable. El costo de la tierra urbana se dispara al punto de ser una utopía la casa de interés social que se construía hace 20 años. Solo los pudientes pueden escapar de la invasión, del caos que genera esa cantidad de gente que necesita movilizarse, de los taxis que se propagan como la solución más popular para el empleo y para el transporte.

Es tiempo de irse a los alrededores, a las lomas de santa elena, a encontrar por fin el aire y salir de ese valle contaminado. La solución ideal siempre y cuando no tengas que desplazarte todos los días al valle para trabajar. Más al norte también llegaron a la misma conclusión, crearon ciudades satélites donde se vive en paz mientras se deja a los emigrantes tomar posesión de las ciudades y su mugre. El estrés del tráfico y la diaria espera en las interminables filas de automóviles al parecer deterioran más la vida que vivir en el basurero de la ciudad.

Los hijos de los hijos de los Trent y de esa familia más al sur decidieron establecerse en esta ciudad lo suficientemente apartada de la gran urbe como para no ser opción laboral y lo suficientemente cerca como para no sentirse aislado del mundo. Los urbanizadores aun proyectan terrenos que permitan viviendas aisladas, aún hay terrenos destinados a perpetuidad como bosques. Aun no hay mucha gente que decida irse a estas ciudades intermedias. Aún siguen siendo pequeñas, fáciles de administrar. Aún hay mucha cosa que como los Trent de hace 150 años podemos terminar nosotros mismos, aun están los manuales y en el fondo la técnica constructiva sigue siendo la misma. Para los Trent será como regresar a sus raíces, retomar el ciclo. Para aquellos que vienen del sur tiene un significado valioso, el sentirse por fin anclado a este mundo tan ajeno, raíces que se harán más profundas para las generaciones que siguen, si así lo desean o si definitivamente lo mejor será volver a las tierras cálidas del sur.

2 comentarios:

maria elena dijo...

QUE RECORRIDO TAN FABULOSO EN TIEMPO Y ESPACIO DE LA EVOLUCION URBANISTICA....AQUI ESTAMOS DELEITANDONOS AMALIA MARIELENA Y YO CLARA.. DESCRESTA LA CAPACIDAD CREATIVA TUYA...GLOBALIZANDO LLEGAS A TU CUENTO PERSONAL CON TU SELLO INCONFUNDIBLE...MUY BUENOS MOJONES PARA UN GRAN ESCRITOR!!!FELICITACIONES DE LAS TRES....

el drummondvillano dijo...

Gracias a las tres, recordando la hacienda del dominio treint de drummondville, una finca que se volvio parque para la municipalidad, me sorprendio cuando la conoci la austeridad de la construccion, pese a que se trata de una familia prestante de la epoca. La nota especula sobre esa austeridad y el contraste con nuestra arquitectura domesitica rural de haciendas, mucho mas ostentosa, paradogico, siendo nosotros los del tercer mundo, saludos