domingo, marzo 08, 2009

LOS CONCIERTOS DE FELO


Actualmente, esos grupos inalcanzables de esos días hacen giras de bajo presupuesto en el tercer mundo. Para aquel entonces y a lo sumo, algún pichón de rico había tenido la oportunidad de verlos por casualidad en Miami. De esa experiencia guardaban como un tesoro la boleta en la fila zzz, el equivalente a popular norte, debajo del tablero, en nuestro Atanasio Girardot.

Felo había visto a argus, un grupo de la florida que había traído unas toneladas en equipos de amplificación y luces. Por fin los decibeles audibles al oído de felo que estaba acostumbrado al ruido de esas bandas como judas que tocaban en la 70 a todo timbal y que perturbaban el sueño de todo san Joaquín. Por más que se quisiera entrever lo que trataba de expresar el sancocho de acordes de guitarras eléctricas, al menos un asomo de armonía era prácticamente un milagro. En esa época los grupos criollos cantaban en ingles dizque porque era el idioma del rock. Detrás de ese argumento había un complejo de inferioridad por la lengua española, faltarían varios años para que el español no se escuchara raro al oído, ocurrió cuando vinieron los argentinos, no propiamente con ese rock primario de esos días pero si cantando por fin en español.

Por el momento argus había dado el mejor espectáculo a la fecha para los ojos de felo. Quizás por esceptisimo yo me lo había perdido. Tal vez empezaban a cambiar los tiempos y con los conciertos la experiencia era más intima que con los acetatos, los cassetes y el walkman.

En la bolivariana alguien seguramente de ese departamento de cultura y deporte empezaba a prestar escenarios para los primeros grupos de rock de la época. No eran muchos realmente, los instrumentos eran mas bien una rareza y un privilegio de pocos. Casi siempre aparecía el mismo personaje en el teclado. Era un compañero de apellido Ochoa que intentaba de manera contestataria seguir la gesta de su padre: el autor de la canción del siglo según una encuesta hecha a nivel nacional por la cadena RCN. A esta manifestación de la involución cultural de la música colombiana iba poca gente realmente. La publicidad no era la mejor, un discreto panfleto hecho con marcadores que pegaban en las carteleras de las facultades. Las novias de los artistas que ayudaban hacer bulto y llenar en algo el recinto y los desocupados de turno, saliendo de clases que por casualidad escuchábamos el ruido de paso por el auditorio de ingeniería mecánica.

Lo único que había en mi casa medio parecido a esos instrumentos era un viejo piano poco portátil como para postular a uno de esos grupos. El sueño era tener un sintetizador para deformar la música clásica, inventar nuevos sonidos, tocar en semifusas al estilo yes o el criollo teclista de nash, que para variar cantaba en ingles. Con los precarios recursos trataba de emular el piano eléctrico de Mauricio mejia que de vez en cuando hacia conciertos espontáneos en los potreros de la universidad.

Los conciertos eran más o menos soportables por las directivas clericales de la universidad. Por el momento se habían desarrollado de una manera relativamente tranquila. Seguramente confiados por esa experiencia, algún organizador de un concierto universitario de rock decidió publicitarlo en una de esas emisoras juveniles de esos días. Veracruz estereo, , siempre emitiendo desde la burbuja del poblado jamás se imaginaria que sus ondas cercianas atravesaran la calle Colombia, limite del sur conocido con el norte inexplorado con sus densas comunas en donde los seguidores del rock eran criaturas fundamentalistas del mundo inconsciente del valle del aburra y que por fin, gracias a un concierto de rock y además gratis hacían su aparición muy cumplidos, a la hora señalada a la entrada del aula magna de la universidad.

Los fundadores incluido un tío abuelo de Felo decoran con sus bronces patinados de negro la entrada al campus universitario. La turba se va acumulando y seres mitológicos nunca vistos hacen su aparición. Orcos sin baño de varias semanas casi siempre vestidos de negro. Uno de ellos trae una sotana, se encarama en el pedestal de monseñor y lo abraza como su colega que viene de visita del mismísimo infierno.

Los organizadores y las directivas de la universidad advertidas del riesgo de celebrar el concierto deciden cancelarlo. Los vándalos empiezan a ver por las hendijas de la puerta los instrumentos en el escenario y deciden al estilo medieval echar a tierra la puerta de la fortaleza inspirada en la arquitectura agrícola de silos para almacenar grano. Escalan el paraboloide hiperbólico de la imponente estructura tratando de filtrarse por alguna obertura mal cerrada. En vista de lo sitiados y perdidos que se encontraban en el interior, deciden como del ahogado al sombrero que el sacristán abra las puertas para que como caja Pandora invertida, se metan todos los males del mundo de un solo golpe.

Ya el concierto comenzaba y los demás también podíamos ir entrando sin problema. Carlos el tombo que se había pegado de este programazo y que intuía por sus conocimientos castrenses una retoma del sitio por la no muy ortodoxa fuerza pública de la época, insistió que nos hiciéramos próximos a la salida de emergencia. Dicho y hecho, entro por asalto el ejército libertador de la policía nacional para detener de una vez por todas la destrucción del mobiliario donde en ese momento brincaban esa horda de salvajes. Pudimos salir sanos y salvos por la portería sur de la universidad y al menos no amanecer ese día en la permanencia norte de la policía abriendo un prontuario por vandalismo asistido.

Pero no todos los conciertos a los que felo invitaba tenían ese ascendente del planeta Marte, la guerra y la violencia bien presentes. Soda estereo y toda esa ola del rock en español hacían espectáculos mas tranquilos. Pero la clientela sui-generis de metaleros y punkeros no gustaba de esta música tan melódica para sus oídos.

Para demostrar que al perro si lo capan dos veces, la emisora Veracruz estereo, o estéril como le decíamos en ese entonces por la tonelada de basura que radiaba, organiza un súper evento, pluralista, participativo e incluyente de todas las bandas de rock del valle del aburra y sus alrededores. Algo tan democrático que caía en la anarquía total de recibir cuanto peludo quisiera montarse en un escenario con una guitarra eléctrica. Para incendiar más el ambiente previo lo bautizan como la batalla de las bandas.

Plaza de toros la macarena antes de la brillante intervención del burgomaestre del 15 por ciento de comisión para volverla una arena gringa antifuncional y de pésima acústica. La fila para entrar era un tanto heterogénea, además de los orcos ya conocidos aparecían los yetis y otras bestias de la mitología popular. Los organizadores de Veracruz sabiendo que jugaban con candela habían invocado buena cantidad de fuerza publica, comando antimotines, la caballería y unos gorilas de esos que muestran en los conciertos gringos, rapados y con camisas negras con unas letras blancas que decían seguridad.

De nuevo las medidas precautelativas del Carlos el tombo que preveía nuevamente una retoma del recinto esta vez al estilo palacio de justicia con tanque cascabel tumbando la puerta grande del circo de toros y dejando de paso en la clave del arco el cañón con el que desintegraría la turba. Por eso era mejor emplazarse como los emperadores romanos, arriba, a salvo de esa turba de gladiadores que ya estaban en la arena.

Los organizadores pretendían hacer un Woodstock criollo, un largo concierto por donde pasarían todas las bandas de la escena criolla. Para tal efecto había que comenzar temprano esa hermosa tarde soleada. Suenan los primeros acordes que desafortunadamente para la mayoría fundamentalista era prácticamente un insulto. Era un grupo medio play que intentaba tocar covers de esos grupos de moda de la época, bon jovi y cosas de esas. Alcanzarían a tocar un minuto cuando una lluvia de piedras arremetía contra el escenario. Los músicos salieron despavoridos y la turba ganaba su primera batalla.

Bueno calma calma o nos tocara cancelar el espectáculo decía uno de los organizadores que veía como se había metido en camisa de 11 varas. Para satisfacer la masa malpensante los organizadores llaman a escena la alcantarilla de la música rock del valle de aburra, con Uds. el grupo mierda. Un tipo haciendo gemidos de bestia se tira una bolsa que le habían llenado con sangre en la carnicería del barrio,y empieza el caos total en la arena. La tribu en su particular danza decide levantar una humareda de polvo, la primera fase de la bomba atómica cubre una torre de control de luces y sonido donde los organizadores estaban a buen resguardo del caos que reinaba en su basamento. Acá lo que iba triunfar no era propiamente el talento musical.

El cuerpo de bomberos de Medellín hace su aparición para apagar un tanto los ánimos y amainar la tempestad de arena que se había apoderado del lugar como un remolino chupamanchas. Un baño a presión después de tantas semanas de acumulación de coto de mugre y cabellos en bálsamo de aguamaza exorcizaron un tanto la violenta concurrencia. Ya las cosas parecían haberse calmado Entonces viene la brillante idea de Felo. Eso esta como calmado abajo y allá se escucha mejor, bajemos. Un espíritu medio suicida pudo más que la razón y terminamos en el ruedo. Los ánimos se iban caldeando nuevamente porque de vez en cuando se veía un descalabrado alrededor de nosotros. Reinaba una tensa calma y un grupo parecía estar tocando bien. De repente y como por obra del inconsciente colectivo todo el mundo voltea la cabeza al mismo tiempo y ve en lo alto de los tendidos un bailarín que hace despliegue de arabescos y demás figuras del ballet clásico con una delicadeza que desata la ira de los homo fóbicos roqueros que la emprenden contra la tribuna en pleno. Ahí si fue la de Troya porque lo que se vio fue una desbandada a diestra y siniestra de la tribuna y los organizadores en la torre de control sacando la bandera blanca de la rendición y el arrepentimiento por intentar organizar semejante despelote.

Esa otra decepción quizás empujo la preferencia a estilos musicales supuestamente enmarcados en el rock pero un poco más pacíficos. Los famosos bares new wave que también se transformaron en verdaderas ollas. La selva en la zona industrial del barrio Colombia en donde se podía hacer ruido sin perturbar el vecindario, new order por el estadio. El rock siempre marginal en esos días y como siempre Felo con la esperanza de encontrar un concierto pacifico. No era propiamente la norma en esos tiempos. Quien sabe si el rock, esa manifestación musical contestataria de una sociedad conservadora aun tenga sentido en esta nueva sociedad del bienestar en la que parece haberse perdido el gusto por protestar. Todos parecen conformes y el rock es mas una moda que la manifestación de inconformidad de esos dias.

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