jueves, febrero 12, 2009

EL QUE LIMPIA


A ciencia cierta no se sabe si se nace para estar en ese sitio. Las razones se fundan en las repetidas ocasiones y cada vez que nos encontramos en la misma situación. Algunos dirán que se trata del típico caso de estancamiento, un palo en la rueda de la evolución natural para la que supuestamente vinimos a este mundo. Otros por el contrario dirán acostados en la hamaca del conformismo que efectivamente estamos ahí porque así lo hemos querido, de que sirve tanto desgaste para estar en un sitio que en el fondo no nos apetece.

Se hace visible en el área de influencia de ese hito cronológico que marca el medio siglo de existencia. Para algunos la luz se vislumbra a la víspera de esos cincuentas, para otros que por fin lo aceptan, quizás por las evidencias físicas que aparecen en el espejo del baño y que no se pueden postergar más. El hecho siempre ha existido, solo que apenas ahora se hace visible.

Una foto de todos los empleados tomada hace algunos años, tal vez seis sobresalen en la imagen. Aquellos que permanecen en el tiempo. La actitud en la foto tiene cierta semejanza. Me pregunto si la cuerda me dará para convertirme en uno de esos muebles que se vuelven indispensables ocupándose de esa pequeña exclusividad, ese saber que se ira con ellos a la tumba, eso que los hace irremplazables, casi parte del logotipo de la compañía. Viene a la memoria de inmediato una señorita que había sido la secretaria de todos los alcaldes de ese pueblo. Como Fidel con los presidentes gringos, sobrevivió a todos. Empotrada en su silla parecía tener el control de todo el municipio. Tal vez los alcaldes que llegaban la veían como la mejor aliada para esa faraónica labor de los burgomaestres: administrar pobreza. Por fin llego el día de su obligado retiro, la añorada jubilación. Pese a su ausencia, el municipio aun no ha sido rebajado a corregimiento. Al parecer no era tan indispensable.

Aunque no estaba en la foto, el personaje tenía el aire de ser uno de ellos. Antes de comenzar a proyectar en una oficina era indispensable al menos untarse una semana de ese mundo real de la fabricación. Bueno antes que nada, lo primero que hay que hacer antes de comenzar una casa es barrer. Barrer? Pero como así, eso se suponía era una etapa superada, creo que un año para mi había sido mas que suficiente ilustración en ese tan afamado derecho de piso. Yo empecé así en esta empresa, era el que barría, pero yo no me iba a quedar ahí, en 3 anos logre el puesto de supervisor general de la fabrica, un cargo que se volvió o mas bien lo convirtió en neurálgico para el funcionamiento de la empresa. En sus últimos días su caminar era cansino de problemas que se acumulaban en la espalda. Por fin encontró un trabajo donde podría empezar sin necesidad de hacer la escalada desde el puesto de barrendero, otra taza que llenar hasta que se rebose y se vuelva a repetir la cíclica operación.

En ese oficio de limpiar, prefería la soledad de las oficinas en las noches. Los cientos de cubículos en un gran espacio que hasta hacia pocas horas era un complejo y ocupado centro de operaciones. Una pecera ahora vacía y desde donde se miran otras idénticas donde los gnomos nocturnos también harán el aseo recogiendo lo más visible, como dice Gabriela, por donde pasa la suegra. El trabajo mecánico que se quiere terminar lo antes posible para no llegar a la hora de cierre con tareas aun por hacer. Los más viejos en el oficio laten echados como los perros, tienen las rutas más sencillas, tienen tiempo para conversar sin apuros sobre cualquier cosa que no sea trabajo. Jubilados de un cargo del que ya perdieron la cuenta de hace cuanto lo están repitiendo mecánicamente, como los viejos de los pueblos, parados en una esquina o sentados en una banca viendo pasar el tiempo. Ahí deben seguir y de ahí no saldrán. En 10 anos de trabajo ya tienen su hipoteca que acá se dilata a 20 o mas anos, hasta las puertas de la muerte, o para que la sigan pagando los herederos.

Parece ser un nuevo mandamiento de la ley del nuevo mundo. El ship con el que ahora vienen los jóvenes. Esa definición que hacen de los dos tipos de personas que existen en el mundo, la dualidad de la que no podemos escapar, o blanco o negro. En esos juegos de palabras en los que como por arte de magia y con solo cambiar su sintaxis vemos lo equivocados que estábamos. Atención que la mayoría trabaja para obtener dinero y la elite privilegiada de triunfadores hace que el dinero trabaje para ellos. Luego vienen las estadísticas que muestran como efectivamente los asalariados terminamos pobres, enfermos o muertos de tanto trabajar. Sigue la alentadora definición de las clases sociales: clase baja comprando lo más barato para cumplir unas necesidades inmediatas, clase media comprando compromisos y pasivos, clase en peligro de extinción. Clase alta que obviamente conoce el secreto para que el dinero trabaje para ellos.

Según eso fugazmente pertenecimos a esa digna clase media de la que aun estamos pagando sus estragos. A ritmo de volador hecho volador quemado miramos con envidia aquellos privilegiados. Recuerdo a Eastman preguntándome por un joven personaje que había llegado a ese pueblo con las mas decididas intensiones de comprarlo y ahora encartado empezaba a venderlo en la sección de clasificados del colombiano. El joven pionero ya hacia parte de su familia a la que ya ponía en jaque con sus temerarias operaciones de bien raíz. Eastman se preguntaba: será que todos estamos equivocados y esa verdad revelada le pertenece a este profeta?

El nuevo orden habla de un juego parecido al monopolio en el que existe un recorrido paralelo a ese tormentoso y habitual para todos los ciudadanos del común, donde unos hacen fuerza por no caer en ese fatídico paseo bolívar que los arruinara con su alquiler mientras el otro espera paciente que ese momento llegue. El camino paralelo es otro cuadrado virtual invisible a los ojos de la mayor parte de la población que sigue devorándose entre casualidades y arcas comunales y que mueven la economía para que los privilegiados del circulo invisible al menos no mueran de estrés por el trabajo.

Por momentos uno piensa que esas caídas en las grandes bolsas del mundo se deba precisamente a la cantidad de gente que se ha metido en esta nueva formula mágica. El asunto ya va adquiriendo forma de casino donde los apostadores juegan con la especulación de capitales a alto, mediano y bajo riesgo. Por supuesto cuando llegan los descalabros a este nivel, la situación es mas desesperante que la del pobre endeudado de clase media o la del apaga incendios de clase baja.

Y la formula la venden y la publican abiertamente en libros para que todos la sigamos al pie de la letra. A diferencia de esos ricos de antes, al parecer lo de ahora comparten el secreto del rey midas. La felicidad por supuesto ya depende de ese factor monetario y no se concibe en esas otras cosas banales de la vida. Entonces imaginamos ese mundo de nuevo como ese gran juego de monopolio donde todos ganamos, todos somos propietarios, inversionistas caminando por ese círculo privilegiado. Tal vez los nuevos trabajadores del gran sistema ya se encuentren esas fábricas en China, India o esas naciones del sudeste asiático, trabajando por un plato de arroz y efectivamente con una eficiencia record para que la plata trabaje para nosotros.

Que estas haciendo vos aquí hombre, me decía alguien que conocí como consultor en ese pueblo. El sabia que había emigrado a Medellín y me imaginaba superando esa etapa de gris empleado publico. En ese momento empezaba otra etapa aun más gris en ese municipio de Medellín. Que te vas a venir alquilar acá por dios, me decía como hastiado de ese tira y encoge de políticos y contratistas. El recibimiento había sido tan motivante como para salir corriendo a buscar refugio al menos en el pueblito. A pesar de venir de una experiencia similar en otra entidad del municipio, un desgaste en la comuna trece antes de la invasión tipo israelí que se hiciera en el 2004, a pesar de todo ese preámbulo, hubiera querido que ese contrato no se hubiera terminado por falta de presupuesto y por reestructuraciones del estado. Quizás si hubiera nacido 2 o 3 generaciones atrás, aquel lugar hubiera sido un sitio en el que seguramente hubiera permanecido. Pese a esa norma que se cree cierta y que dice que los profesionales mediocres terminan siempre en el sector publico.

Lo que si ha sido una constante incluso en ese poco brillante medio es esa vocación de empleado de limpieza para el que parezco estar destinado. Los chicharrones, los proyectos que como esas rutas incomodas que los viejos de esas compañías de aseo de Montreal ya no hacen, para que al día siguiente los empleados encuentren desde temprano todo reluciente. Vocación para los remiendos y los milagros de bajo presupuesto y en este nuevo universo canadiense, para desatrancar procesos sin salida, una especie de diablo rojo.

A todos nos toca una función en esta vida y casi siempre la escogemos por gusto, así reneguemos siempre. En este caso el que limpia se vuelve imprescindible en la organización, mas fijo que el protagonista, quizás termine apagando la luz cuando todo se termine.

1 comentario:

maria helena jaramillo dijo...

buena esa diablo ROJO..