domingo, noviembre 29, 2009

PENSANDO EN EL REGRESO


Lo llaman el verano indio. Viene justo después del inicio del invierno. De manera caprichosa, durante unos días, a lo sumo una semana, se viven días de relativo confort. Para las aves es la señal para partir a las tierras calidas del sur. Para los originarios habitantes de estas tundras, seguramente les daba el conteo final para acumular alimentos y energía para la estación mas dura de estas tierras. En la vida moderna, sobretodo de las grandes ciudades es el tiempo de las grandes depresiones, los indicies de suicidio se disparan ante la inminencia del invierno que se avecina. Para los emigrantes es también el tiempo de cuestionarse sobre el verdadero sentido de permanecer en este país al que se llego como cielo terrenal y que para algunos se va volviendo prisión e infierno sin muchas posibilidades.

Involución dicen unos, regreso al despelote de un país que parece no tener arreglo. Todo depende del ángulo del que se mira. Todos tienen razones poderosas para tomar decisiones que representan grandes cambios en la vida. Igual de poderosas a esas que nos obligaron algún DIA salir del país.

El se llama también Daniel y vive en el mismo edificio. También viene de Medellín pero es oriundo como Dorita de Rionegro. Se le ve mucho deambular por las calles solo. Si estuviera en Medellín se diría que es un empleado mas dedicado a la agrimensura de calles. Dice que sufre de claustrofia y que por eso sale a caminar muy a menudo, a pesar de ese medio ambiente agresivo que sientes de inmediato en tu rostro cuando abres la puerta de la calle. Hace días se fue su hija, una compañera de juegos de Bárbara. Esta en Colombia y no quiere regresar a este país. Según sus mismas palabras al parecer ruega que no la saquen de su casa de abuelos en Colombia, una especie de oasis en su infancia, ‘no me haga ese mal papa’ le dice por el teléfono como en tono de suplica.

Es raro encontrar desadaptacion en los niños emigrantes. En general son ellos los que van a la vanguardia en ese tema. Tal vez y por culpa de algunos padres que se toman muy a pecho su nueva condición, se ve mucho el fenómeno de los niños de la burbuja. Para muchos padres esta sociedad es nociva para sus hijos y prácticamente le prohíben la relación con los nativos de este país. Y entre emigrantes el celo es aun mayor. Algún buen amigo que vivió una temporada en esta ciudad hablaba solo en francés en su casa y se hacia pasar por Rumano u otra nacionalidad y así pasar desapercibido ante su vecindad colombiana. Esta bien tener cierta distancia y guardar ciertas precauciones con coterráneos de los que no se tiene la más remota idea de su pasado. Otra bien distinta es limitar la amistad de unos niños que en esencia son iguales a los de uno.

Son diez años en este país señora le dice mi vecino tocayo a Gabriela. Y continúa diciendo: Le digo que pasa el tiempo y no logro adaptarme a este país. Tiene un empleo bueno. Es supervisor en una de esas fábricas tradicionales de la ciudad. Profesionalmente se siente satisfecho con su puesto. Ha logrado aporte interesante dado su experiencia como ingeniero en Colombia.

Una cosa dice el es trabajar a la par de los quebecuas y otra muy distinta es ser su jefe. En este último papel el asunto se torna de castaño a oscuro y sale a flor de piel ese racismo que aparentemente no existe en esta sociedad multiculturalista. Recuerdo la fabrica de vestidos Perlees. Una de las pocas del sector textil que aun sobrevive. Supongo que solamente hacen el toque final de la etiqueta luego que los vestidos han dado la vuelta al mundo en sucesivas escalas que se van adicionando al proceso de fabricación. Allí el lío eran los getos y los grupos. Un supervisor italiano trataba de poner orden a una serie de marrullas y amiguismos que existían en los empleados. Supuestamente yo entre en esos días para hacer una distribución ecuánime de los trabajos. Nadie jamás estuvo contento. Siempre querían lo más fácil y que a la postre les aumentara su salario al destajo.

Y en el mundo del aseo, otra torre de babel donde los latinos se han posicionado de los cargos de supervisión. Un chileno algún día argumentaba que esa vocación solo se veía en los latinos ya que el resto de la humanidad eran razas cochinas. Y allí como en la primera fabrica de Montreal los quebecuas son minoría. Es como si el las grandes ciudades los cargos directivos estuviesen en manos de los originarios de este país o de migraciones con mucha mas tradición. La clase obrera de quebecuas se encuentra más en las afueras en ciudades como la nuestra donde el multiculturalismo aun no ha llegado con la fuerza de las grandes ciudades.

Y ahí esta el vecino, al mando de un grupo de trabajadores de una sociedad cerrada. Dice que las cosas no han sido para nada fáciles. Los roces no faltan. Las desautorizaciones que no faltan de la parte de sus subordinados. Acolitados siempre por poderosos sindicatos que en este país parecen tener mas poder que la empresa misma. Habla de excesos como el encontrar las llantas pinchadas de su carro y un letrero que dice: regrese a su casa, aca no es bienvenido.

Si bien es cierto en las zonas rurales el empleo para los emigrantes es mas fácil de conseguir, también es cierto que el manejo de personal se hace mas complicado. Una estadística dice que en general esta cultura no ama el estudio. El quebecua promedio no ve la hora de salir de sus estudios para meterse en el mercado laboral. Y si puede hacerlo justo saliendo del bachillerato o en la mitad del mismo con lo mínimo en su cabeza pues lo hace. El bilingüismo esta muy lejos de lo que intentan venderle al resto del mundo en esa publicidad que muestran en las paginas de migración de Internet. Encerrados en su burbuja francesa, con un mínimo de educación y un nivel cultural alimentado a los sumo por lo que ven en la televisión no es un panorama muy alentador.

Al parecer han visto como sus padres con un mínimo de educación han logrado salir adelante en el trabajo y tener una casa, un carro, la posibilidad de viajar anualmente y un retiro digno. La última contratación en la oficina ha sido casualmente un ex compañero de bachillerato de Camila. Ha terminado sus estudios técnicos a los 20 años y no quiere volver a estudiar. En un país con todas las posibilidades, los créditos abiertos a todo el mundo, incluso mucho mas ventajosos a nivel universitario y prefieren alquilarse el resto de sus vidas en una fabrica.

Trabajar para vivir o más bien vivir para trabajar es la consigna desde pequeños. La doctrina calvinista es tomada bien al pie de la letra. Ese trabajo que dignifica al hombre desde edades bien tempranas. Ese dinero que empieza a entrar en los bolsillos y que se vuelve habitual, al punto de sentirse un pobretón cuando se es estudiante y se debe consagrar tiempo al estudio y dejar el trabajo a un lado.

Y ese esa franja de población que se ha hecho a fuerza de la experiencia y de la dinámica del ensayo y error la que vemos en todas estas fabricas. Para el vecino como jefe, el asunto es mucho más conflictivo. Ellos no se van a dejar manejar por un aparecido de un país tercermundista. En mi caso la ventaja es no tener ese mando. Es el determinar unos procesos y métodos que muchas veces están en contravia de todo ese bagaje de esos personajes que como los padres no les vamos a enseñar hacer hijos a estas alturas de la vida.

El asunto se vuelve una discusión sobre quien tiene la razón. Cuando los argumentos se agotan, ellos siempre acuden a cosas externas y de forma como las limitaciones de idioma. Se hacen los que no entienden, te intentan sacar de base y de la discusión. Con el belga de origen turco el problema es más complicado. Además de tener mas conocimientos técnicos, el belga tiene a su favor el saber hablar y escribir mucho mejor el francés que cualquier quebecua que le pongan al frente. Así que esa frustración que cargan por dentro sale en otras formas de confrontación en la que el emigrante siempre lleva la peor parte.

Hay siempre la sensación de estar por encima de todo el mundo. De saber más pero tal vez no saber expresarlo. De saber mas pero no poder convencerlos de ese saber. De saber más y de conocer otros métodos, pero el miedo a un cambio y la desconfianza ante lo nuevo siempre será un obstáculo.

Sigue existiendo la sensación que cualquiera puede llegar y con el solo hecho de ser originario de este país te sobrepasara en pocos meses, así no tenga ni la preparación académica ni la experiencia. Todo para ellos parece más fácil. Un argelino nos decía que hablando y escribiendo mejor que los quebecuas, su hermano ingeniero debía rendir el triple para lograr el mismo salario de los nativos. Tal vez sea una exageración.

Muchas veces me hago el ejercicio de ponerme al otro lado. De imaginarme que tipo de proyección damos a esta gente. Tal vez somos muy diferentes y se nos nota el esfuerzo para engranar en su maquinaria. Las limitaciones con el idioma dan para prejuzgar demasiado.

En general estas personas son bastante solidarias con su empresa. En Colombia fácilmente les dirían parranda de lambones. Es muy difícil encontrar en una reunión de personal que al jefe se le contradiga. Se soba mucha chaqueta y se acoge la norma como buenos borregos. Así se hace desde las escuelas. Salir de esa cuadricula no esta en la mentalidad de estas personas.

Y esa fidelidad se acaba cuando salen de las empresas. En ese repertorio de alabanzas para su nuevo jefe esta incluido el memorial de agravios de su anterior compañía, en la que las cosas no funcionaban tan bien como hoy. Según ellos hacemos, gracias a Dios parte del mejor equipo y de una compañía líder en Québec. Estos comentarios también nos hacen dudar sobre un posible cambio de empleo. Nos hacen pensar en lo malo conocido y en lo bueno por conocer.

El vecino se regresa a Colombia y al parecer sus argumentos ya superan aquellos que lo impulsaron algún día a emigrar a este país. Dice que en Colombia a pesar de los problemas la gente vive feliz y no les falta nada. Al menos en lo que concierne a su familia. Es más o menos lo que leemos de la nuestra. Aunque uno nunca sabe. Como dicen, la procesión va por dentro.

Cada que vienen a la mente estas reflexiones sobre una realidad que aun no esta a la altura de las expectativas pienso en lo que podría estar pasándome en Colombia. Si en verdad hubiese encontrado continuidad laboral como la que hasta la fecha he tenido. Si en el caso de un accidente laboral como el de Gabriela, se hubiera tenido el mismo respaldo por parte de la compañía aseguradora. Pienso en las niñas y todas las posibilidades que gracias a su edad y su situación tienen a su disposición. El que no quiera estudiar en Canadá simplemente no quiere. Exceptuando claro esta la medicina cuyo ingreso es muy complicado. El resto de profesiones están al alcance del común de la gente.

La balanza se vuelve a inclinar a favor de permanecer y continuar luchando en este país. Muchos como el vecino regresan e invierten sus ahorros de toda la vida de nuevo en Colombia. Acostumbrados a una sociedad donde por lo general todo se hace por encima de la mesa y donde existe un mínimo sentido de la justicia, se estrellan con esa realidad colombiana que ya no saben capotear por falta de práctica.

Mientras tanto el tiempo va pasando. Los jóvenes, sobretodo los que llegaron de niños a este país cada día pertenecen más este lado de la moneda. Nosotros flotamos aun en medio de dos mundos y ese intento por definitivamente integrarnos y al menos volver todo este entorno algo familiar se hace lento y lejano de alcanzar.

Quizás será por eso que los emigrantes no dejan de ser emigrantes en este inmenso territorio. Siempre están pensando en esa otra ciudad, esa otra provincia donde encontraran el añorado Dorado de nuestros ancestros españoles. Una vida de gitanos en la que no exista tiempo para aburrirse en cada parte puerto que se conoce. Por eso igualmente la gente se trastea todos los años y cambia de empleo regularmente.

El vecino regresara a Colombia aunque del dicho al hecho siempre hay mucho trecho. El compañero de Camila recién contratado con toda la juventud y la energía para darle a la fabrica ya fue dado de baja, al igual que el turco graduado en la mismísima Bélgica. Ya van más de 3 años y uno no se explica como ha soportado una organización tan ajena a todo lo que ha vivido en toda su vida. Tal vez ha sido esa experiencia la que a la postre me ha dado ese estatus de necesario o de mal necesario para algunos. Una empresa que tiene que aceptar proyectos especiales para marcar la diferencia con la competencia. Pero quien los hace? Pues el propio que viene del país de los chicharrones y los gallos.

A pesar del pesimismo del texto, aun parecen existir los ánimos de continuar trabajando en este país. Y ojala esperar que la vida nos ofrezca la posibilidad de un cambio que no se de por el animo gitano de estar brincando de lado a lado, sino de descubrir nuevas motivaciones en este país. El verano indio que otrora era cuestión de días, por eso de los desajustes climáticos se ha quedado algunas semanas mas quizás sea el causante del escrito un tanto gris para ser tan próximo a la felicidad de diciembre. Pero de esta semana no pasara y ese nuevo decorado blanco de diciembre nos hará pensar en mejores cosas Feliz fin de semana.

3 comentarios:

Unknown dijo...

que alegria volver a escucharte, poder disfrutar de tus analisis, aunque estos decembrinos que consideras grises, nos alegran por sus conclusiones siempre esperanzadoras..
sorprendidos cada vez con tu narrativa amena clara y concreta. y dice amalia que se pone orgullosa y hasta le da envidia ...
nuestro diciembre de atardeceres rosados y muy calurosos, con despedidas tristes x estebanao que se va pal peru x 3 semanas, con alegrias como el grado de bachillerato de la bella amalita que va pa reina de belleza que se las boga, con sabado de ajiaco y reunion de casi todos faltando Ustedes y Los Gaianos que mucha falta nos hacen.
un abrazo, amalia-anamria

maria helena jaramillo dijo...

para nada me parece pesimista yo lo describiria como un analisis MUY JUSTO,con muchas trazas de optimismo..
FELICITACIONES DE NUEVO..MUY AMENO Y ENRIQUECEDOR.
GRACIAS

OCIOPINTORESCO dijo...

qué pasó con el villano! hay que volver a las teclas.