sábado, agosto 26, 2006

GABRIELA TERMINA SU PRACTICA EN EL HOSPITAL


Quien se puede imaginar los cambios que da la vida. Lo que cada uno tenemos como potencial y que de pronto casi por azar se descubre un buen día.

Hace ya casi 3 años. Cuando presentábamos la entrevista en la embajada. El cónsul Canadiense le dijo a Gabriela al ver su experiencia en Colombia: UD tiene más posibilidades que su esposo. En ese momento estuvimos muy escépticos. De todas maneras nosotros nunca habíamos salido de Colombia y no nos imaginábamos esta realidad Canadiense para ese entonces.

Cuando se llega a los 40 años en Colombia, estamos en la categoría de muebles viejos. Como quien dice eso de encontrar trabajo es más producto de una buena influencia que de meritos propios. La experiencia no es valorada y las cosas se ponen mas complicadas en materia laboral. Canadá no iba a ser un caso diferente. Igualmente las cosas se ponen un poco más difíciles en la cuarentena pero no al extremo de Colombia. El grueso de la población esta circulando por encima de los 60 años y se acerca a su periodo de retiro y eso da algunas esperanzas.

Gabriela sabe hacer muchas cosas. Y además tiene el talento para aprender fácilmente otro tanto. Pero cuando se llega a un país con tantas posibilidades, no se sabe que camino realmente tomar.

La primera y la constante barrera es el bendito idioma. Supuestamente yo soy un aventajado en eso del idioma y aun me siento aislado en un medio laboral que practica un dialecto que no me enseñaron en la Universidad. Una malformación de la lengua Francesa que aun sigo sin entender plenamente.

Gabriela termina su formación en francés pero en la calle se habla Quebecua. Gabriela sabe mucha gramática, ha leído muchos libros en francés pero cuando salio de su formación poco o nada entendía del lenguaje callejero.

Que se puede hacer en un país extraño sin posibilidades de comunicación. Poco o más bien nada. Terminar haciendo trabajos generales donde no sea importante la comunicación. Para no morirse del aburrimiento, buscar el gueto latino donde se salga del hermetismo.

El ángel de Josée le hace varias evaluaciones de competencia a Gabriela. Descubre una sensibilidad que podría ser aplicada a otro campo: El trabajo con las personas de la tercera edad. Lo más parecido que había hecho Gabriela fue unas clases de macramé con la mama de Dorita y varios familiares más. Había trabajado en ballet con niños pero nada relacionado con el campo de la salud.

Josée le consigue la inserción laboral con Empleo Québec en el Hospital de Drummondville. Un trabajo de acompañamiento con los ancianos en estado casi Terminal. Una enfermera Colombiana que encontró allí le dijo el primer día. Yo llevo acá 1 año y solo apenas ahora logro que esa viejita que esta allá me regale una sonrisa. Casi a la semana la misma viejita huraña habia dado la vuelta con Gabriela.

El panorama en un asilo en Québec no es muy alentador. Soledad a pesar que muchos de los ancianos tienen familia en esta ciudad, tristeza y en muchos casos perdida del razonamiento.

Parece ser que afecto y calor humano poco se encuentra en estas latitudes. Gabriela logro en pocos meses robarse el cariño de las viejitas que lloraron ahora en su despedida.
Gabriela dice haber aprendido muchísimo de esta experiencia. La personas viejas tienen mucha sabiduría y dan ejemplo de vida a pesar de sus problemas.

Hasta Bárbara vivió una semana de acompañamiento en el Hospital. También disfruto mucho de la experiencia que recuenta todos los días con lujo de detalles.

Quedo pues la muy buena imagen de Gabriela en el Hospital producto de su buen trabajo y su don de gentes. Las buenas referencias sirvieron para impulsarla hacer la Gerontología en el CEGEP de Drummondville. Si Dios quiere ya para finales del año entrante estará terminando sus estudios y con las puertas abiertas para un trabajo que le da sobretodo mucha satisfacción en el espíritu.

Lo otro que se despertó fue la comprensión de la lengua hablada. Que en personas de la tercera edad es bien complicada. Es impresionante el cambio tan favorable de Gabriela en eso de escuchar el dialecto Quebecua.

Otra puerta pues que se abre en Drummondville, interesante para alternar con las artesanías y con el tiempo y la tranquilidad para atender eso que ella mas ama en la vida: la familia

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que alegría nos da saber que Gabriela no sólo realizó a satisfacción su trabajo con los ancianos quebecuas, sino que tuvo la satisfacción de servir a una población que, por ser considera trastos viejos, por lo general es relegada al cuarto de San Alejo, es decir, al olvido, de haber podido comunicarse con ellos en su extraño dialécto y de encontrar, para el futuro, un campo de acción gratificante. Lo que no aceptamos es que se revele la edad, en este caso, de la mujer, pues este sigilo es más guardado que el que el gobierno ha negociado con los paras y narcotraficantes asesinos y, revelarlo a la luz pública a través de un periódico tan visitado, no deja de ser motivo de preocupación para la persona que ha sido develada en el número de sus vueltas al sol, a pesar de que en el mismo artículo se reconozca que con los años viene más sabiduría que es algo más que conocimientos librescos, es decir, malicia indígena. Felicitaciones a todos los drummondvillanos y, en especial a Gabriela por haber salido con honores de ese nuevo reto donde, quizás, más vale la experiencia y la satisfacción personal que los $$$. Felicitacioens a Gabriela desde Gaia.