domingo, septiembre 18, 2011

LA ENESIMA REFORMA DE GAIA


En este caso un tubo no tuvo la culpa, aunque el polivinil cloruro se hizo bien presente esta vez en los cielos rasos de la ecológica estancia. El Gaiano se muestra ahora como un alumno aventajado de los Nule y el Echeverria Styles aprovechando un buen excedente del estadio Palogrande. Nos imaginamos que por ahí le deben tener en remojo las ya en desuso mallas de cierre para reforzar aún más la barricada que protege de los amigos de lo ajeno aquel bunker del antiuribismo.


¿Pero si el tubo no tuvo la culpa que desencadeno semejante reingeniería arquitectónica en esta mansión que mira a lo lejos la villa del surtidor de hidalguía, los ancestros de Guingue y Amparo Grisales? Pues nada más y nada menos que una ventanita de esas de demolición y que utilizan para reconstruir pueblitos paisas. El elemento llego como un regalo proveniente de la fabrica licorera de Caldas y el club social de la universidad del mismo departamento como un homenaje a la que fuera la sede de innumerables reuniones y pachangas de aquella corporación. La ventanita resulto siendo una verdadera seducción a una inversión que no parecía tocar fondo.


El filósofo del ron viejo de caldas, fiel heredero del eclecticismo arquitectónico Guinguesco mezclado con el pragmatismo de don Alfonso en materia de remodelación comenzaría los primeros esbozos de esta su enésima y seguramente no ultima intervención en su adorada Gaia, precisamente en una acalorada discusión en Bolombolo con su asesor, el arquitecto carrasquillista de la restauración quien al parecer y así lo revelan las fotos, logro salirse con la suya, al menos en el colorcito cartagenero de la fachada y el económico impracolor en las ventanas de madera vista.


Sin embargo esa bendita cal con no se que óxidos de hierro revuelto con acronal marca Manchas Inc no parece ser el recubrimiento más adecuado para los zócalos de una casa emplazada en pleno cielo roto, así que recurriendo al pragmatismo de su progenitor y ante la furia del restaurador, el gaiano instala un zócalo cerámico que le un toque morisco a la casa.


Férreo defensor de las muy confortables y bioclimáticas cubiertas en manilit, mas conocido como el eternit del viejo caldas, el gaiano se ha negado a cambiar en repetidas ocasiones el techo de gaia por la tradicional teja de barro, so pretexto que cuesta un ojo de la cara. Para disimular un poco ahora el asunto incorporo un descubrimiento tecnológico, los cielos rasos en pcv que al parecer se dejan lavar hasta con manguera. Asegura que de lejitos se parece a la madera, aunque el restaurador no se traga mucho el cuento.


Otro punto de eterna discusión fue la escogencia del nuevo piso de la casa. De nuevo el restaurador insistía en el barro cocido eso si , sin vitrificar y puesto sobre una base de arena sin mortero alguno, debía proveerse igualmente de uno que otro litro de glifosato para controlar las malezas que pudiesen salir por entre las juntas. O en su defecto una baldosa de cemento de esas que traen dibujos geométricos, al restaurador le preocupaba el bocadillo final en el que se podría convertir esta intervención. De nuevo el pragmatismo sale triunfante y el gaiano, camino de Medellín a su Manizales del alma, compra un saldo en corona de la autopista, de una cerámica que esperamos no se convierta en pista de patinaje cuando aparezca un reguero.


La madre Gaia seguirá refunfuñando con algunos de los materiales no muy católicos que aún conserva su hacienda del viejo Caldas y que la hacen mas antiecológica que la locomotora de la minería de Santos. Ni hablar de la bendita chimenea que por cada utilización contamina más que lo que hace el exosto de un carro durante todo un año. Cercas tipo campo de concentración con unos avisos marcados con el ¡ACHTUNG URIBISTAS! , una explotación avícola al fondo, una jauría de perros como para el que ose atravesar la cerca eléctrica donde diario amanece una chucha carbonizada, la fachada mayoritariamente del estilo de la colonia española en el nuevo mundo, el zócalo morisco, la entrada medioeval con unas bisagras como para una puerta de castillo fortificado contra cualquier ataque uribista, la seguidilla de arcadas tipo mezquita de Córdova que rematan en una reja de hierro forjado, el piso en liquidación de corona, el mesón en cuarzo, la despensa tipo ikea que esperamos no termine colgando la puerta con el peso de las papas que se almacenaran allí, la mesa ecológica bolomboliana de una sola pieza hecha con una ceiba sembrada por Simón Bolivar, en fin, otra etapa más en esta interminable readaptación de la casa Gaiana, fortín del antiuribismo y que esperamos visitar muy pronto.

Saludos desde el Canada

1 comentario:

maria elena dijo...

jajajajaj ...buenisimo...como haces para describir ese sitio como si estuvieeras ahi...eres un genio..
besos