domingo, junio 12, 2011

UNA CASA PARA LA BRUJA


Las historias apenas se pueden contar tres décadas después. Ahora que ha desaparecido esa primera generación emergente y mas que visible las empiezan a revivir e incluso llevarlas a la televisión. De un libro escrito en reportaje se pasa a la novela, aparece el irresistible ingrediente de la ficción con sus consabidos riesgos. Como cuando se distorsiona la imagen de una mujer participe de la independencia y se la lleva a escenarios hollywoodenses, de campos de batalla que nunca conoció.

Si bien ese poder sobrenatural que llego a esos pueblos y que barajo de nuevo las cartas de esa sociedad parece haber desaparecido o al menos cambiado de forma, el miedo que se sembró en el inconsciente de las gentes sigue presente, al punto de truncar los ánimos para el autor, de segundas y terceras partes que alborotarían mas el avispero, así exista material documentado de sobra.

Me habían hablado maravillas de aquella casa. Parecía anterior incluso a los tiempos de la colonización antioqueña, aunque seria extraño ya que estos terrenos podrían considerase baldíos para esa época. Lejos de aquel corredor conquistador que venia del valle de Belancazar, llegaba a Pacora, pasaba por Caramanta, bajaba a Sabaletas, se conectaba con el oriente y luego con el valle de aburra. Mas lejos aun estaría aquel poblado de Ansa, que hoy parece fantasma y que siempre estuvo en relación con la vieja capital de la provincia y las minas de Buritica.

Parecía un privilegiado al entrar a aquella casa más con fines académicos y de inventario del patrimonio arquitectónico de la región. No se permitían fotos ni mucho menos entrar en la interior. Castro asegura en el libro que gracias a una manía familiar aquellas habitaciones permanecen tal cual las iban dejando sus moradores antes de partir al mas allá. La dueña vio quizás traicionado su deseo de conservar la intimidad de sus antepasados, de sus costumbres y hasta de la privacidad de los mismos fantasmas, uno de los cuales pareciera ser su eterno enamorado al que ella nunca aceptó y que frustrado de su amor sigue penando por los corredores de aquella casona. Nunca pensó que aquel investigador fuese a plasmar en un libro con lujo de detalles todo lo que allí le contaron, todo lo que sus ojos iban viendo, todo lo que fue presintiendo y sintiendo en ese extraño lugar. Así que desde ese día la casa permanecería cerrada a los ojos voyeristas que insistirían en ahondar en sus secretos.

No creo que la producción sea capaz de conseguir un escenario parecido. El entorno que rodea la misteriosa casa esta compuesto por una vegetación densa que solo provee ese clima y ese suelo rico en cenizas volcánicas provenientes de aquella explosión del Combia, de la que quedan dispersadas aun las enormes piedras que decoran el cañón del río. Cauchos, cedros, ceibas inmensas cobijan del inclemente sol la edificación y proyectan una penumbra rara, extraña que sumada con esa humedad en el ambiente y un silencio roto solamente por el paso de un arroyo termina por crear una escenografía muy particular, misteriosa, conservando una tensa calma. El arroyo literalmente atraviesa la casa, pasa completo por la sala de baño en un chorro purificador y delicioso. Aguas heladas provenientes del alto de la soledad en Jericó. Soñado contraste con el ardiente clima que se vive al lado del río dorado.

La persona que me llevo aquel sitio logro que al menos me dejaran entrar unos instantes al patio de la hacienda. Una filigrana en piedras extraídas del mismo río, un mosaico perfecto sin mortero alguno, cuidadosamente diseñado y dispuesto con los tamaños y coloridos que solo allí se encuentran.

La casa ya no debe ofrecer el misterio de aquellos días cuando la troncal del cauca apenas era un lejano proyecto. Ese aislamiento del mundo, de las vías arterias principales seguramente ayudaba a conservar sus fantasmas. Ahora con la llegada del pavimento, del turismo y hasta de los curiosos que movidos por el libro y la telenovela preguntan por aquella hacienda seguramente ese encanto no es el mismo. Un aire parecido lo veía en una casa mucho mas modesta pero igualmente centenaria que se encontraba en la vía que de buenos aires conduce a Jardín. Una vía muy solitaria y de tráfico reservado dadas las condiciones de la carretera. El mas leve asomo de invierno y aquello retomaba su aspecto original de camino rial.
Llegando a un lugar de viejos cafetales con sombrío de guamas se aparecía una casa de cancel altísima, que al parecer nunca fue pintada. El tono que había adquirido la madera le daba un aspecto macabro, como de ataúd que se saca después de décadas de estar enterrado. La sensación se incrementaba sobretodo cuando iban perdiéndose las luces del día. Una casa abandonada que tal vez fue una fonda caminera y que tendrá oculta muchas historias de arrieros y de espantos.

Y esos espantos modernos siempre ocultos y raramente visibles se hicieron presentes en la María, la hacienda que tomo el nombre de la celebre novela de Isaacs. Una hermosa hacienda lechera de tapia patio central y corredores delimitando todo su perímetro. Justo al frente y pasando la carretera aparecía un guadual en que religiosamente se daban cita decenas de loros a eso de las 6 de la tarde. La hacienda quedaba a unos pocos kilómetros del alto de la raya, cuchilla topográfica, limite geográfico entre Jericó y Andes. Corredor obligado de estos duendes también llamados guerrilleros, que seguían las ya desvirtuadas huellas de los ideales del cura camilo torres que fundara los elenos hace casi medio siglo. Por allí deambulaban, siempre siguiendo la cuchilla, desplazándose hasta pueblo rico, luego regresaban y se iban hasta la horqueta de don John en limites con andes y Jardín, de ahí podían tomar el monte hasta Riosucio, o salir al choco. Todo aquel transcurrir se hacia de una manera inconsciente para la sociedad, por sitios en los que la colonización antioqueña pareció no dominar con su hacha. Son como los espantos, con su mundo aparte y sin necesidad de tomar ninguna arteria vehicular se desplazaban cientos de kilómetros. Un día los duendes bajaron y espantaron en la María, le prendieron fuego a la casa que ardió con la fuerza que le daban las maderas y la cañabrava centenaria y bien seca.

En el pueblo aparecían como un rumor. Como una presencia que podría estar vigilando detrás de los cafetales de las fincas. Que podrían llegar como la muerte y llevarnos a tierras donde el estado no hacia presencia. Como lo hizo con el dueño de aquella finca cafetera que se ve pasando ese río. Un señor robusto que llego parado en los huesos después de semejante periplo. Dice que aprendió a manejar el tiempo y a dilatar al máximo todas las actividades cotidianas. Hablaba de afeitadas o de cepilladas de dientes de dos horas. Intentar cualquier contacto con sus captores le era imposible, les tenían prohibida la alfabetización, mientras mas ignorantes y desconectados de la realidad, mas pertenecerían a ese mundo de los espantos. Algo muy distinto pensaba el che, ese mito que parecen seguir pero no propiamente en esas prácticas.

Pero estos pueblos, sobretodo los más fríos y aislados parecían tener la contra para enfrentar esta amenaza del más allá. Una escopeta espantaría cualquier intento de incursión de estos seres. Una escopeta disparando todo lo que se mueva en la oscuridad, limpiando todo lo que pudiera ser sospechoso, unas muertes periódicas que empezaron a ser cotidianas. Lugares siempre fijos para aquellas sentencias, para ejecutar esa cacería de brujas: un puente a media noche, una carretera de poco transito, el río dorado que se lleve la evidencia, mas al norte, y en cada poblado, empujando al chulo inflado y con los gallinazos en su festín, para que que no desembarque allí y los obligue a esa aburrida y penosa labor de levantamiento. Que la corriente se lo siga llevando, que no queden evidencias y que la memoria se pierda cada vez más rápido.

No se sea un cumplido o más bien una alarma. Pensar en que aquella casa sea ahora el escenario propicio para algunas escenas de brujería tal vez nos pone a pensar en su avanzado estado de deterioro. Lo que alguna vez fue la hacienda cañera mas importante de la región, la misma que tuvo un trapiche muy cercano a ese río que Ud. ve allá abajo pasando. Un día bajo una borrasca y no dejo sino esos muñones de columnas que se alcanzan a ver entre la maleza.
La molienda se instalo mas arriba. El aroma de panela subía río arriba hasta la plaza y comenzaba a bajar la romería. Para todos su melado y si por casualidad a alguien se le negaba este derecho, ahí estaba el bagazo seco listo para arder. La maquina al fin ardió porque los espantos buscando justicia social así lo quisieron, no pa Dios ni pal Diablo. Con el fuego también se espantaron las bujas que al parecer allí se reunían en las noches en anárquicos aquelarres. No me dejaron dormir decía el inquilino de aquel lugar que escucho toda la noche como se deslizaban por el entejado en medio de sonoras carcajadas
Después renació como el ave fénix pero ya el país estaba en manos de los duendes que espantaban en la carreteras que antes ni pisaban. Nadie volvió, ni siquiera los nuevos dueños que parecen estar en un lugar más aislado que el aquel donde habitan los duendes.

Pero esos recuerdos recientes no tienen mucho eco en la casona. Ni siquiera don Bruto que lo único que hizo fue cortar las macanas y demoler las chambranas para construir unos muros de ladrillo revocado o destruir el parket de madera para cambiarla por esa baldosa geométrica de cemento. Los tiempos de la bonanza cafetera que dejaron su huella en estos pueblos, en las fachadas de baldosín, arenon chino, el aluminio anodizado y el vidrio en las ventanas. Ese señor seguramente no era del pueblo, allá particularmente son muy celosos con la arquitectura de sus ancestros, fanáticos de la restauración y la conservación. Como lo fueron aquellos que aun viven en una de las esquina de la plaza, que conservan todos los enseres de antaño y que bien han facilitado su casa para producción. Por sus manos también paso esta casa y la entregaron intacta.

Pero quizás el misterio provenga de sus primeros habitantes, una misteriosa dama siempre vestida de blanco que recorre los corredores de la casa. Al frente y pasando el río se ve otra casa similar y que ya fue utilizada en una producción de los años 90 que narraba la zaga de una familia antioqueña. Parecen gemelas, la misma altura, los mismos detalles en sus ventanas, hechas de sólida tapia que ha resistido los embates de la tierra. La torre de la iglesia y la casa donde cayó no pudieron contar el mismo cuento.

La primera noche en aquella casa me llevo a recuerdos de infancia. Un celebre paseo a Minas de Fredonia, en tiempos donde Builes reinaba y compraba todo, porque estaba convencido que todo se vendía, hasta las conciencias. Una casa cural en la que pasamos la noche. Tal como en aquella casa, se cierran las puertas y ventanas de las habitaciones y se conoce la penumbra absoluta. Entonces mis amigos, los sobrinos del padre Eusebio comenzaban con sus historias de una monedita que cae y rebota en el entablado, de una luz como de luciérnaga que parece guiarnos al entierro.

Volviendo a la casa de la dama de blanco y a la oscuridad de aquel cuarto recuerdo los 3 golpes que periódicamente sonaban en la sólida ventana. Al abrir el postigo, no se oía pisada alguna de algún bromista huyendo después del susto propiciado. Alguna vez pensamos que tal vez seria una señal que mostraba el lugar exacto de ese tesoro aun enterrado en la tapia, justo debajo de las tablas que conformaban el sillar de la ventana. Bienes materiales atados a ese espíritu y que habían dejado un alma penando aun en esta dimensión. Tal vez esta vez la liberaríamos.

Son muchas las leyendas que se cuentan de estas casas centenarias. Que vivieron tiempos de la guerra de los mil días en donde los bancos no eran garantía para guardar las esterlinas de sus propietarios. Se cuentan historias de personas que han buscado en vano en tapias de casas como esta. Las dejan en un estado ruinoso. Pero hay un dicho que parece ser cierto. El tesoro solo lo encuentra la persona indicada. El ambicioso cazador de guacas puede estar parado encima del tesoro y no verlo. Era la historia que contaba algún mayordomo que había trabajado por los lados del cauca. De como veían una luz frente a un árbol de brevo y luego desaparecía.
Hicieron varios intentos excavando en los alrededores. Alguna vez dejaron la casa sola para irse a la misa dominical y uno de los trabajadores saco de raíz el brevo y al parecer el baúl con las esterlinas estaba aprisionado en sus raíces desde el día en que lo plantaron. El afortunado salio corriendo de allí y nunca mas lo volvieron a ver en el pueblo.

Tal vez este mayordomo que había estado aquella vez tan ceca de la fortuna y al que literalmente se le adelantaron, tendría una segunda y definitiva oportunidad en esta casa. Se concentro en las pistas que aquella presencia parecía estar dando. La misteriosa mujer con una bata blanca que desaparecía al final del corredor, justo debajo de la escalera que subía a un oreadero de café que habían construido aprovechando la gran altura de la casa. Palpo y golpeo la tapia centímetro a centímetro esperando encontrar un sonido diferente, un extraño vacío en esa sólida muralla. Justo detrás de un pañete deteriorado por el tiempo se dejaba ver una tabla. Escarbó y escarbó hasta que descubrió un nicho. Sus ojos se iluminaron al ver un baúl de madera que había permanecido oculto de los saqueadores como aquellas tumbas egipcias. Cual seria su asombro al ver que se trataba de un cofre con los huesos de un bebe. Una novedad como decían en aquellos días a los abortos que sufrían esas mujeres. Pariendo en esas casas con aquellas limitadas condiciones para traer una criatura al mundo.

Dicen que después del hallazgo en la casa dejaron de molestar. Tal vez extraña mujer descanso al hacer visible su entierro. La tumba de un ser que nunca nació y que según la creencia cristiana se va para el limbo, un lugar que no esta ni en el cielo ni en el infierno y donde parecen estar condenados a flotar como una capsula perdida en el espacio.

Es lo más raro que paso en aquella casa. Han sido más los vivos que los muertos los que realmente han espantado por esos lados. Llueve mucho en aquella semana de rodajes. El director llega en uno de los camiones que hace parte del equipo de grabación. Desciende por la carretera que se empina al llegar a la casa. Pasa por el beneficio de café abandonado con rastros de épocas de cosecheros y aparente abundancia cafetera. Por fin encuentra aquella casona que tanto le habían recomendado. La casa que había imaginado. Ideal para aquellas escenas en que la bruja se encerraba para hacer sus ritos. Incluso hasta con el mismísimo gobernador. Todo estaba listo para el rodaje pero el diluvio no se detuvo aquella semana. El camión casi no sale de aquella finca. Así que pensar en traer camiones con equipo aun mas pesado era imposible. Al fin encontraron otra casa y desistieron de la idea de filmar.

La hacienda sigue allí oculta, abandonada y al abrigo de la mirada del mundo. Guardando sus secretos y seguramente esos oscuros habitantes que se hubieran espantado con las luces de la producción. Como aquella vieja casona en la que no se permite la entrada de extraños. Aquella en la que siguen deambulando los muertos, contemplado esas pertenencias ajadas y empolvadas que permanecen intactas en el mismo lugar que las dejaron antes de morir y en este caso antes de partir al exilio.

4 comentarios:

danubio dijo...

Que buena historia Daniel, con esa clara descripción me pareció estar andando por esa vieja casona, entre los guaduales y los cafetos. Igualmente interesante la reseña histórica del lugar y las menciones de las brujas y los espantos de ultratumba y de los otros, los que andan de camuflado y botas pantaneras que si han hecho tanto daño a la patria.

Saludos.

el drummondvillano dijo...

Gracias Dario, el tema como que sigue vigente y de moda. saludos

Dorita dijo...

Hola Daniel, felicitaciones por tan excelente relato, una descripción brillante de los lugares y del contexto de los hechos que marcan nuestra historia antioqueña.
Hemos seguido de cerca la novela, en especial porque nos recuerda los lindos momentos que vivimos con ustedes en la finca de Jardin; la molienda, los naranjales, el encanto del patio central y los corredores pero lo mas hermoso el encanto de los cafetales.

el drummondvillano dijo...

gracias dorita, al parecer muchos lugares del pueblo, lugares reales como heladerias, casa de la cultura, escuela, hospital y hasta la terminal de transporte han servido como escenario para la produccion. Un ingrediente tal vez novedoso y que da un toque de identidad y realismo a la novela. Para nosotros recrear igualmente momentos inolvidables en aquel lugar, saludos