






El 21 de marzo marca el debut oficial de la primavera en el hemisferio norte. El equinoccio de primavera donde por fin y en aras de la salud mental, la noche y el día tienen la misma duración.
Es la época donde también se cambia la mascara del rostro. Se dice que se deja atrás la solemne cara del invierno por una fachada mas alegre: la de la primavera por supuesto.
Pero al parecer las estaciones no están muy balanceadas en Canadá. Este último mes ha sido particularmente generoso en nieve. A tal punto que ya se habla de una acumulación de mas de 5 metros de altura en todo lo que va de este invierno. Cuando en los techos, sobretodo planos, la acumulación pasa los 1,20 mts el asunto se pone peligroso. Si por casualidad han caído lluvias y acto seguido la temperatura desciende, el peso se vuelve considerable. Ya han caído varios techos en Québec, algunos de estos accidentes con victimas mortales. Los dueños de bodegas sobretodo ignoran el peligro que tienen encima y olvidan hacer mantenimiento de sus techos. Las escuelas han tenido que cerrar para atender la emergencia y evitar una catástrofe que seria mayor. Luciano dice que el depósito de nieve de Trois Rivieres que ya debe estar llegando a los 60 mts de alto, no se derretirá en este verano.
Pues los meteorólogos hablan de 6 semanas más de invierno. Mientras en Europa volverán los pájaros y el verde a los campos, acá el blanco seguirá predominando.
Esta cultura en el fondo debe tener algún parecido con las culturas del desierto. La gente vive ahí de porfiada. En unos refugios que a fuerza de mucha imaginación soportan la inclemencia del tiempo. En los diseños siempre hay que pensar en un aislamiento total del exterior. Casas herméticas como submarinos. Si se abusa de la exposición exterior, la temperatura mata como el desierto. No queda otra opción que la vida hacia el interior. En el viaje diario aparecen fenómenos parecidos al desierto, tempestades de arena blanca que borran la visibilidad, nieve en polvo que se alborota de los bancos acumulados al lado y lado del camino. Hacia el horizonte afortunadamente con el horario adelantado, el sol aun tiene cuerda antes de esconderse siempre al sur. La tundra helada completamente inhabitada, no hay rastros de beduinos, ni siquiera en espejismos. Solo la línea recta del camino a casa da señales de vida o más bien de movimiento.
Mas adelante la veloz caravana empieza a detenerse. En un espacio de unos 500 mts se ven carros arrumados al lado del camino. Atrapados en las montanas de nieve. Es una de esos corredores de viento violento que hace estragos de manera aleatoria. Esta vez estuvo cerca.
Esta no es una región de tornados. El asunto es menos complicado en Québec. Acá tenemos una benévola influencia del atlántico. En el centro de Canadá las cosas son más complicadas. Todo hasta que las apocalípticas predicciones de Gore lleguen: el corto circuito de las corrientes del atlántico y otra nueva era glaciar que seguirá de largo en mayo.
Y por Colombia las cosas parece que se calmaron estas últimas semanas. La avalancha de noticias, golpes y contragolpes entraron en periodo de congelación esta semana santa. Aunque la guerra sigue sin cuartel y los desplazados en aumento. Marielena se entera de noticias domesticas familiares gracias a un periódico Canadiense que debería estar desconectado de la realidad Colombiana. Las comunicaciones están en un nivel de desarrollo tal que no es necesaria la presencia física. Ese es el talón de Aquiles por estos días en la terrible guerra colombiana. Apareció un computador más carnudo que el de Jorge 40 y cualquier llamada satelital da para dar la latitud y longitud con centímetros de diferencia. Los macabros detalles de un crimen y una delación inspiran los columnistas que se remontan al régimen del terror de la reconquista española. Estamos en el far-west dicen otros. Como se llamaba entonces esa época, la misma de mis últimos años en Colombia, con carencia de estado que llego incluso a las goteras de Medellín en donde teníamos que pedirle permiso a bandas delincuenciales hasta para hacer un anden, o regiones socialmente presentables como el suroeste donde no existen enormes latifundios y donde la cultura del café dio cierto nivel de vida, entregadas hasta hace muy poco a bandas de guerrilleros y paramilitares. No estoy viviendo esta nueva etapa del país. Esta de la guerra sin cuartel que solo vemos en la pobre visión de los noticieros de televisión. Una guerrilla acorralada en miles de kilómetros cuadrados. Será posible? y ahora con aliados en las fronteras. La cosa pinta a hecatombe y a la odiosa reelección. Las FARC seguirán montando los presidentes. Y seguirán siendo el problema más importante. La yaga y no el problema interno como dicen los mas sensatos. Por ahora sigamos cauterizando el tumor. Desde un país donde se puede visitar un cajero automático a media noche en un lugar solitario sin tener que salir corriendo del enemigo oculto, la situación se colombiana se observa mas insólita. En Medellín vivimos, salíamos y recorríamos la ciudad en los tiempos de las bombas. Seguía siendo la mejor cuidad del país. No la cambiábamos por nada. Otros columnistas dicen que eso era falta de sensibilidad. La misma de la que nos quejamos de la gente de estas latitudes. Un escritor argentino que emigro a España dudaba de su capacidad de resistir en una sociedad donde la amistad prácticamente no existe. Don Roberto decía que esa era la carencia más grande de este país. En los trabajos conoces mucha gente pero realmente es poco lo que se puede hablar. Esas relaciones de compadrazgo muy de nuestra cultura, donde se adentra a problemas muy íntimos casi tocando la homosexualidad en los gestos de una borrachera por ejemplo, nunca se dan en estas sociedades. Seguramente es una enfermedad social de nuestra cultura. Enfermedad a la que estábamos seguramente habituados y que tal vez extrañamos.
Quizás no sea tanta la frialdad. Aunque yo me pregunto que hace Monique nuestra vecina ahora jubilada. Encerrada pasa los días en su apartamento. Solo sabemos de ella cuando necesita un favor de esos que solo resuelve don Alfonso. Así es capaz de vivir, como su antepasado ermitaño en una cabaña viendo pasar el invierno, alimentando sus animales, y sobreviviendo con lo que tiene guardado en el granero. Así acostumbraron su metabolismo me imagino.
Seguimos remilgando en esta etapa de adaptación que se siente mas larga que la guerra en Colombia. La pregunta que nos hacemos es si algún día estaremos integrados a esta sociedad. Integrados o asimilados. Los italianos siguen cultivando tomates en su jardín, aun fabrican vino y uno los ve con la estabilidad que solo dan varias generaciones en este país. Continuaba diciendo el escritor que los Colombianos no tenemos tradición migratoria como los argentinos que tienen muy reciente las migraciones europeas del siglo XX en su país. Se sienten con más ligas al viejo mundo y por lo tanto no hacen tantas concesiones en su proceso de adaptación en España. Es por eso que los colombianos son más disciplinados y sumisos a la integración. Por ser más oscuritos tenemos que ser más respetuosos y menos conflictivos en una sociedad donde somos detectados casi inmediatamente por la apariencia física. Si un solo elemento de la comunidad comete una falta, de inmediato la sociedad generaliza en todos nosotros.
Los avances siguen así no nos demos cuenta. Quizás falta por trabajar más el no estresarse tanto en el trabajo. Tomar las cosas con las calma. Aprovechar que todos los días hay más confianza en lo que se hace y las cosas no son tan desconocidas. La famosa actitud positiva ante el trabajo. Actitud que sobraba en esos primeros días de Canadá pero que se va desgastando poco a poco. No se llego a una sociedad perfecta. Definitivamente no existen. Canadá con menos habitantes que nosotros, es una finca 10 veces más grande que Colombia y con el mejor cliente del mundo pegado al sur. Se pagan muchísimos impuestos y casi no existe la evasión. A pesar de eso no son capaces de tener el sistema de salud Público funcionando normalmente, los jóvenes no están interesados en estudiar y los cierres de empresas están al orden del día. Con una clase dirigente aparentemente mas honesta los problemas no faltan. Por ahora seguimos soportando el temporal de esta etapa de adaptación que por el momento no hace agua en el barco. En esta semana de reflexión, les regalamos la mejor cara de la primavera a pesar que el panorama al mirar la ventana es de pleno invierno. Un abrazo para todos.
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